20/06/2026
Querida Ana,
Sé que hay días en que tu cuerpo reacciona antes de que tú entiendas por qué. Un sonido, un olor, un lugar... y de pronto sientes que vuelves a estar ahí. Quiero que sepas algo: no estás “exagerando” y no estás “loca”. Tu mente hizo exactamente lo que tenía que hacer para protegerte.
Cuando vivimos algo que nos rebasa, el cerebro activa su alarma. La parte que siente el peligro se prende con todo. Pero la parte que pone orden, fecha y contexto al recuerdo se apaga por el estrés. Por eso hoy el recuerdo no llega como una historia completa. Llega en pedazos: en el n**o en el estómago, en la taquicardia, en las imágenes sueltas.
Tu cuerpo guardó eso porque en su momento te ayudó a sobrevivir. El problema es que nunca le avisamos que el peligro ya pasó. Para tu sistema nervioso, sigue siendo hoy.
Sanar no es borrar lo que viviste, Ana. Es enseñarle a tu cerebro y a tu cuerpo algo nuevo: _“Esto ya terminó. Ahora estás a salvo conmigo”_. Y eso lo hacemos juntas, poquito a poquito:
1. Primero calmamos el cuerpo. Porque no se puede hablar con una alarma sonando. Vamos a respirar, a sentir tus pies en el piso, a recordarle a tu sistema nervioso que este consultorio es un lugar seguro.
2. Después le ponemos palabras. Cuando tú narras lo que pasó, a tu ritmo, le ayudas a tu cerebro a archivarlo bien. Deja de ser un flash que te asalta y se convierte en un recuerdo con inicio y final.
3. Te trato con la misma compasión con la que tú tratarías a tu mejor amiga. Porque no fue tu culpa. Hiciste lo que pudiste con lo que tenías. Y ahora vamos a darte nuevas herramientas.
Esto lleva tiempo, y está bien. No tienes que “echarle ganas” tú sola. Yo estoy aquí para sostener contigo lo que en su momento tuviste que cargar sola.
El día que tu cuerpo entienda lo que tu mente ya va aprendiendo, vas a sentirlo. Va a llegar un momento en que recuerdes sin que duela igual. Ese es el camino. Y no tienes que recorrerlo sin compañía.
Con cariño y respeto por tu historia,
Tu psicóloga Vero