17/05/2026
Hace aproximadamente 3 años empecé a practicar pilates, aunque he tenido etapas muy constantes y otras donde me alejé por completo, algo cambió profundamente en mi relación con el movimiento.
Antes veía el ejercicio más desde la presión, la culpa o la necesidad de modificar mi cuerpo. Hoy intento acercarme desde otro lugar, el de escucharme más y castigarme menos.
Pilates se convirtió en una práctica a la que regreso porque genuinamente disfruto cómo me hace sentir. Más conectada conmigo, más presente, más consciente de todo lo que mi cuerpo hace por mí, sobretodo en días donde no lo amo o no me siento cómoda en él, incluso si no fui la más hábil y fuerte de mi clase. Eso también es compasión corporal, permitirte mover tu cuerpo sin convertir cada movimiento en una deuda con tu apariencia.
No necesitamos vernos perfectas para merecer movimiento. ❤️🩹