19/07/2026
Qué época tan extraña vivimos.
Alguien dice que está triste y, casi de inmediato, aparecen frases como: "Ya pasará", "Piensa en positivo", "Todo sucede por algo" o "La vida sigue". Parece que sentir dolor se ha convertido en algo que hay que corregir cuanto antes.
Hay prisa por volver a sonreír, por regresar al trabajo, por producir y por aparentar que todo está bien. Como si el sufrimiento tuviera fecha de vencimiento. Como si llorar fuera una pérdida de tiempo.
Vivimos en una cultura que tolera mejor el agotamiento que la tristeza. Puedes trabajar hasta el límite de tus fuerzas y recibir reconocimiento por tu esfuerzo. Pero si necesitas detenerte para sanar, descansar o atravesar un duelo, no tardará en aparecer alguien que te diga: "Ya supéralo".
El problema nunca ha sido el dolor. El dolor es una respuesta profundamente humana ante la pérdida, el cambio o el sufrimiento. El verdadero problema es una sociedad que ha aprendido a medir el valor de las personas por lo que producen, incluso cuando por dentro están hechas pedazos.
Sanar no siempre significa sonreír de inmediato. A veces, sanar significa permitirse sentir, detenerse y atravesar el dolor sin culpa. Porque las emociones no necesitan ser apresuradas; necesitan ser escuchadas.