22/06/2026
Querido papá...
Donde quiera que estés hoy, te honro y te doy gracias por haberme regalado lo más valioso que pudiste darme: la vida.
Cuando fui niña, la vida no fue fácil. Sentía tu ausencia, aun cuando tuve la bendición de contar con seres maravillosos que ocuparon parte de tu lugar: mis abuelos y mis tíos.
Recuerdo que en el colegio, cuando los niños preguntaban por ti, yo respondía simplemente que estabas de viaje. También recuerdo aquellas llamadas que mamá hacía para que habláramos. Eran conversaciones extrañas, actuadas; ni tú ni yo sabíamos muy bien qué decir. Mamá intentaba acercarnos, construir un puente entre nosotros. Siempre supe que era ella quien llamaba, haciendo lo mejor que podía para que existiera una relación.
Muchas veces me pregunté por qué no me elegías, por qué no me buscabas, por qué estabas tan lejos. Y sí, me dolió. Lloré tu ausencia. Te culpé por muchas cosas. Me convertí en víctima de tu historia y debo confesarte que fui incoherente: aunque sufría por no tenerte cerca, también intentaba negar tu existencia, aparentando que no me importaba.
Me doliste profundamente durante mucho tiempo.
Pero Dios tenía otros planes para mí.
Poco a poco, siendo adulta, siendo madre, aprendiendo a hacerme consciente y responsable de mi propia vida, comencé a encontrar respuestas. Descubrí que tú también tenías tus propias heridas. Que detrás de aquel hombre duro y aparentemente indiferente existía una historia que nunca conocí del todo.
Pude imaginar a ese niño que alguna vez fuiste. A un ser humano que también vivió amor y desamor, pérdidas y alegrías, éxitos y fracasos. Un hombre tan humano como yo.
Y entonces aprendí a no juzgarte.
Porque no me corresponde hacerlo.
Aprendí a amarte a través de los pocos recuerdos que guardo de ti. Aprendí a respetar tu silencio, tu distancia y tu manera de estar en el mundo. Aprendí que cada persona entrega lo que puede dar desde su nivel de conciencia y desde las heridas que aún no han sanado.
Gracias, papá.
Gracias por tu existencia. Gracias por aquellas cartas que le escribías a mamá preguntando por mí. Gracias por haber sido un gran profesional, tan admirado por quienes te conocen. Gracias porque por mis venas corre tu sangre y porque, seguramente, llevo mucho de ti.
Hoy te bendigo.
No me debes nada y yo no te debo nada.
Y desde ese lugar de respeto, amor y gratitud, te digo:
Te amo, papá.
"Tú eres el grande y yo la pequeña."