18/12/2025
En 2015, el veterano del ejército estadounidense Paul Steklenski fundó Flying Fur Animal Rescue, una organización sin ánimo de lucro en Pensilvania. Lo que comenzó como un hobby —aprender a volar en 2013— se transformó en una misión: salvar animales condenados en refugios de alta matanza y llevarlos hacia lugares donde pudieran ser adoptados. 👏
Paul invirtió más de 70.000 dólares en su propio avión, un Beechcraft Bonanza V35B llamado Flying Fur One. Retiró los asientos traseros y lo adaptó con una puerta de carga amplia para transportar decenas de cajas con perros y gatos. Desde entonces, ha realizado cientos de vuelos, trasladando animales desde refugios del sur de EE.UU. hasta refugios sin eutanasia en el noreste.
La inspiración detrás de todo fue Tessa, la perrita que Paul adoptó y que se convirtió en cofundadora simbólica de la organización. Hoy, Tessa sigue siendo su compañera inseparable y la “mascota oficial” de Flying Fur.
Además del avión, Flying Fur cuenta con transporte terrestre:
Flying Fur Three, un vehículo climatizado capaz de mover más de 50 animales en un solo viaje.
Paul, que además de piloto es ingeniero de redes y gestor de todo lo relacionado con la organización (desde programación de vuelos hasta redes sociales), gasta más de 10.000 dólares al año de su propio bolsillo para mantener la misión en marcha.
La filosofía es clara: cada día, miles de animales sanos y cariñosos son sacrificados simplemente porque no pueden llegar a zonas donde serían adoptados. Flying Fur cambia esas probabilidades, conectando refugios de alta matanza con comunidades dispuestas a darles una segunda oportunidad.
Lo que para muchos es solo un avión, para Paul es un puente de esperanza. Cada despegue significa vidas salvadas; cada aterrizaje, un futuro posible. 🥰
📷 Flying Fur Animal Rescue