09/12/2016
Todos nosotros, a medida que crecemos, vamos viviendo diversas experiencias, algunas positivas y algunas negativas, y según lo que nos inculquen las personas de nuestro alrededor iremos adquiriendo una perspectiva de aquello que nos suceda. Frente a la adversidad, nuestras creencias pueden ser positivas y optimistas, es decir, si me pasó algo que no me gustó, veré qué puedo aprender de esta experiencia, veré cuáles fueron mis errores, para no volverlos a cometer y seguiré adelante; en cambio, si nuestras creencias son negativas y pesimistas, entonces frente a una situación que no nos gustó, nos podríamos deprimir, frustrar, enojar, avergonzar, etc. El problema no está en las emociones que podamos sentir frente a estas situaciones, sino en el quedarnos encarcelados en ellas. Es ahí cuando nuestras emociones se tornan tóxicas.
Por ejemplo si frente a algo que te ocurrió, aparece el llanto, no hay nada de malo en sentir dolor y llorar, el llanto te ayuda a desahogar y eso es sano, pero luego debes secarte las lágrimas y seguir adelante. No quedarte llorando y sintiendo lastima por siempre.
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