03/05/2026
Hace algunos años conocí a un ingeniero de sistemas joven, entusiasta, creativo, que toda organización desea tener: titulado, orientación a procesos y capacidad para construir soluciones. Fue contratado por una empresa de prestigio pero su rumbo fue impensado.
A veces el problema no es el talento, es el diseño del puesto.
Esta historia que les presento a continuación no es un caso aislado. Es un patrón organizacional que se repite cuando los puestos de trabajo no están correctamente definidos.
Antes de contratar, conviene hacerse algunas preguntas básicas y estratégicas:
• ¿Para qué existe realmente este puesto?
• ¿Qué resultados concretos debe generar?
• ¿Está alineado con la misión de la institución?
• ¿Necesito un subespecialista para realizar tareas que no requieren ese nivel de expertise?
Cuando estas definiciones no son claras, aparece una distorsión frecuente: Se incorporan perfiles de alto nivel para ejecutar tareas que no requieren ese nivel de especialización.
Entonces no es un problema de talento. Es un problema de diseño organizacional, una verdad incomoda.
Una reflexión en el Día del Trabajador.
Hace algunos años conocí a un joven ingeniero de sistemas que representaba exactamente el tipo de talento que las organizaciones dicen querer: ingeniero titulado, orientación a procesos y capacidad para construir soluciones. Entró a trabajar en un centro médico privado como analista de sistemas...