Maribel Briceño D Maestre Psicóloga

Maribel Briceño D Maestre Psicóloga Psicóloga Clínica, Psicoterapeuta de Orientación Psicoanalítica, y Máster en Asesoría Familiar.

La amistad también sostiene la vidaHay personas que llegan para una temporada y otras que, casi sin darnos cuenta, termi...
12/07/2026

La amistad también sostiene la vida

Hay personas que llegan para una temporada y otras que, casi sin darnos cuenta, terminan convirtiéndose en un lugar seguro.

No necesitan hablar contigo todos los días ni saber cada detalle de tu vida. Basta una conversación para sentir que nada importante ha cambiado. Esa es la diferencia entre conocer a alguien y construir un vínculo.

Las mejores amistades no se sostienen por la frecuencia, sino por la confianza.

Con el tiempo descubrimos que no necesitamos una agenda llena de personas. Necesitamos unas pocas con las que podamos ser auténticos, celebrar sin envidia, discrepar sin miedo y guardar silencio sin sentirnos incómodos.

Las investigaciones muestran que la calidad de nuestras relaciones influye profundamente en nuestro bienestar. No porque los amigos resuelvan nuestra vida, sino porque nos recuerdan que no tenemos que recorrerla solos.

Pero hay algo igual de importante: una amistad sana no consiste en depositar constantemente nuestros problemas sobre el otro.

Escuchar, acompañar y sostener son gestos de cariño. Convertir al amigo en el contenedor permanente de nuestras angustias es otra cosa. Ninguna relación florece cuando una persona solo da y la otra solo recibe.

La amistad protege, pero también se protege. Se protege con respeto por los tiempos del otro. Con límites. Con reciprocidad. Con la libertad de poder decir: “Hoy no puedo”, sin que eso se interprete como falta de cariño.

Las amistades más sólidas no son las que intentan salvarse mutuamente, sino las que caminan una al lado de la otra. Hay días en los que una sostiene más; otros en los que es sostenida. Con el tiempo, el equilibrio suele encontrar su lugar.

Por otro lado, la mejor versión de una relación de pareja no es solo la que se basa en el amor o la atracción. También es aquella en la que existe amistad. Poder reír juntos, conversar durante horas, respetar las diferencias, celebrar los logros del otro y sentirse parte del mismo equipo convierte a la pareja en un gran aliado de vida.

Eso no significa que deba sustituir a los amigos. Al contrario. Las relaciones más sanas se construyen cuando cada vínculo ocupa su lugar. La pareja puede ser una gran amiga o un gran amigo, y las amistades aportan una riqueza distinta que ninguna relación debería reemplazar.

Quizá la madurez consista precisamente en eso: rodearnos de personas que suman sin invadir, que acompañan sin controlar y que están presentes sin exigir.

La amistad nos recuerda que podemos atravesar la vida acompañados, sin dejar de ser responsables de nosotros mismos.

La maternidad más difícil no es criar. Es aprender a dejar ir.Todas las madres saben sostener la mano de un niño de tres...
08/07/2026

La maternidad más difícil no es criar. Es aprender a dejar ir.

Todas las madres saben sostener la mano de un niño de tres años. No todas saben soltar la de un hijo de treinta.

Desde la psicología, la función de una madre nunca fue crear hijos que la necesitaran para siempre. Su función es mucho más compleja: construir un apego seguro durante la infancia para que, años después, ese mismo hijo pueda separarse emocionalmente de ella sin culpa.

La maternidad sana evoluciona. En la infancia protege. En la pubertad tolera la oposición. En la adolescencia acompaña la individuación. En la adultez, da un paso atrás.

Y es precisamente ese último paso el que muchas madres no consiguen dar.

Cuando una hija adolescente deja de contarlo todo o un hijo adulto empieza a tomar decisiones sin pedir permiso, algunas madres sienten orgullo. Otras sienten amenaza. No porque amen más, sino porque han construido su identidad alrededor de la idea de ser indispensables.

Ahí comienza una dinámica silenciosa y, en ocasiones, profundamente manipuladora.

La manipulación no siempre adopta la forma del control abierto. A veces llega envuelta en sacrificio, preocupación o culpa. “¿Para qué te vas si aquí lo tienes todo?”, “Yo solo quiero ayudarte”, “Después de todo lo que hice por ti…”. El mensaje implícito siempre es el mismo: si te independizas, me abandonas.

La culpa se convierte entonces en el mecanismo de control más eficaz. El hijo deja de tomar decisiones por miedo a hacer sufrir a su madre. No permanece porque quiera; permanece porque siente que irse lo convierte en una mala persona.

En consulta, estas madres suelen compartir un patrón. Les cuesta tolerar la frustración de sus hijos, resuelven problemas que ellos ya podrían resolver, opinan sobre cada decisión, invaden límites y confunden cercanía con dependencia. Hablan constantemente de amor, pero les resulta muy difícil respetar la autonomía.

La sobreprotección tiene un coste psicológico. Un hijo al que nunca se le permite asumir riesgos, equivocarse o resolver conflictos desarrolla menos sensación de competencia. La dependencia se normaliza y la individuación queda incompleta.

¿Por qué ocurre?

Porque, en muchos casos, la madre también necesita al hijo. No económicamente, sino emocionalmente. Sin darse cuenta, deposita en él su sentido de utilidad, su compañía, su identidad o el vacío que dejaron una mala relación de pareja, un divorcio o una vida construida exclusivamente alrededor de la maternidad.

El hijo deja de ser solo un hijo. Se convierte en el regulador emocional de su madre.

Y ese nunca fue su lugar.

Una madre psicológicamente madura entiende que cada etapa exige una renuncia. Renuncia a decidir, a controlar, a ser la primera opinión y, finalmente, a ser imprescindible.

El éxito de la maternidad no se mide por cuánto la necesitan los hijos a los cuarenta años. Se mide por la libertad con la que pueden construir su propia vida… y por el deseo genuino de volver, no por obligación ni por culpa.

Porque existe una diferencia enorme entre un hijo que permanece por amor y un hijo que permanece porque nunca le enseñaron que también tenía derecho a irse.

Buen fin de semana 🧿🪬
04/07/2026

Buen fin de semana 🧿🪬

04/07/2026
La mente también se entrena!!!!La mayoría de las personas no abandona el deporte por falta de tiempo. Lo abandona porque...
04/07/2026

La mente también se entrena!!!!

La mayoría de las personas no abandona el deporte por falta de tiempo. Lo abandona porque nunca llegó a convertirlo en un hábito. Y esa decisión termina afectando mucho más que su cuerpo.

Cada enero los gimnasios se llenan. Semanas después, muchos vuelven a quedarse vacíos. No porque esas personas no fueran capaces, sino porque empezar es relativamente fácil. Lo verdaderamente difícil es mantenerse.

Y ahí ocurre la verdadera transformación.

El deporte no solo fortalece el cuerpo. También fortalece la mente. Las investigaciones de Harvard Medical School, la Stanford University, la University of Oxford y la Yale School of Medicine muestran que el ejercicio regular mejora la salud cerebral, favorece la neuroplasticidad, fortalece el autocontrol, ayuda a regular las emociones y disminuye el riesgo de ansiedad y depresión.

Pero hay algo que ningún estudio puede medir del todo.

Cada vez que sales a entrenar, especialmente el día que menos te apetece, estás demostrando que puedes confiar en ti. Que eres capaz de cumplirte. Y esa confianza, construida en pequeños gestos cotidianos, termina acompañándote en el trabajo, en la familia, en las dificultades y en los momentos en los que la vida más te pone a prueba.

Por eso creo que el éxito no se construye con grandes hazañas. Se construye con pequeños actos repetidos durante mucho tiempo.

El éxito es el hábito.

No esperes a sentirte motivado. La motivación aparece y desaparece. Los hábitos permanecen.

Sal hoy. Camina. Corre. Pedalea. Haz ejercicio al aire libre si puedes. Tu cuerpo te lo agradecerá. Tu mente también. Quizá dentro de unos años descubras que el mayor beneficio del deporte nunca fue tener un mejor físico, sino haberte convertido, casi sin darte cuenta, en una persona más fuerte, más serena y más libre.

La mente también se entrena!!!!

😉
29/06/2026

😉

“No siempre necesitas empezar hablando. A veces, la salud mental empieza caminando.”
27/06/2026

“No siempre necesitas empezar hablando. A veces, la salud mental empieza caminando.”

Un día pensé que ya no podría más. Sentía que la vida me estaba agarrando a palazos, uno tras otro, sin darme un respiro...
25/06/2026

Un día pensé que ya no podría más. Sentía que la vida me estaba agarrando a palazos, uno tras otro, sin darme un respiro. No sabía cómo recoger los pedazos que quedaban de mí, cómo reconstruir mi vida, cómo levantarme del suelo, hacerme cargo de mí misma y de mi familia.

Increíblemente, en medio de todo ese dolor y rabia, escuché a quien fue mi gran amigo, Fernando Maestre (Q. E. P. D.). Me dijo una frase que jamás olvidaría:

«En esta vida nadie es indispensable.»

En ese momento yo pensaba que no podría, que todo era demasiado, que el peso que llevaba encima me estaba venciendo. Y fue justamente por esa pequeña grieta que empezó a entrar la luz. Comprendí que no estaba sola, que necesitaba hablar más con mi terapeuta, dejarme ayudar, aceptar que no tenía que poder con todo.

Atravesé ese momento como pude. No fue fácil. Sí, reconozco que me endurecí. Pero también aprendí muchísimo. Aprendí que siempre hay una fuerza que aparece cuando creemos que ya no queda ninguna, que pedir ayuda no es una derrota y que, poco a poco, uno puede volver a levantarse.

Hoy, gracias a todo lo vivido, he logrado hacerme cargo de mí, de mi familia y de todo aquello que me hace intensamente feliz. Y aunque el camino dejó cicatrices, también me enseñó que somos mucho más fuertes de lo que imaginamos.

¿Y si no estás cansado… sino ansioso? A veces la ansiedad se presenta como insomnio. Como irritabilidad. Como la sensaci...
23/06/2026

¿Y si no estás cansado… sino ansioso?

A veces la ansiedad se presenta como insomnio. Como irritabilidad. Como la sensación de que nunca logras desconectar. O como una mente que analiza cada conversación, cada decisión y cada posible problema antes de que ocurra.

La ansiedad es un estado de hiperactivación del sistema nervioso. El cerebro interpreta que existe una amenaza y pone al organismo en modo vigilancia, aunque no haya un peligro real frente a nosotros.

Por eso aparecen síntomas que muchas personas no relacionan con la salud mental: palpitaciones, opresión en el pecho, tensión muscular, molestias digestivas, sensación de falta de aire, mareos o agotamiento físico. El cuerpo actúa como si estuviera preparándose para huir, luchar o protegerse.

En la mente, la ansiedad suele expresarse como anticipación constante. No vive en el presente. Vive unos pasos más adelante, preguntándose: “¿Y si sale mal?”, “¿Y si ocurre algo?”, “¿Y si no puedo manejarlo?”.

Lo más engañoso es que muchas personas funcionales y exitosas conviven con ella durante años sin reconocerla. La llaman perfeccionismo, responsabilidad o estrés. Hasta que el cuerpo empieza a hablar más fuerte que la mente.

La ansiedad no es simplemente preocupación. Es una alarma psicológica que ha perdido sensibilidad y comienza a detectar incendios donde solo hay humo.

Dirección

Lima
18

Horario de Apertura

Lunes 09:00 - 18:00
Martes 09:00 - 18:00
Miércoles 09:00 - 18:00
Viernes 09:00 - 18:00

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Maribel Briceño D Maestre Psicóloga publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir

Categoría