14/05/2026
La sociedad se basa en el fortalecimiento del ego. Le vende una ilusión de control, de poder, y le promete que será soberano. Es por medio de esas promesas que lo dominan. ¿Y por qué hacen eso? Porque el poder social sabe que el inconsciente es indómito, que quien se permite escuchar sus fuerzas inconscientes no puede ser domado; entonces se apela al ego para alinear y dirigir voluntades ajenas.
Cuando hablas con una persona común puedes darte cuenta, de manera muy rápida, de que su mayor anhelo es el de pertenecer, ser parte de la muchedumbre. Como decía el poeta romano Horacio: “O imitatores, servum pecus”, frase en latín que significa “¡Oh imitadores, ganado servil!”. Los miembros de una muchedumbre se imitan entre sí; no solo se busca la igualdad de derechos, sino el ser todos idénticos entre sí, marginando lo diferente o forzándolo a que se iguale a la mayoría. Y ese ganado siempre tiene un pastor: los grandes poderes dominantes político-económicos que lo manejan como les viene en gana.
Al ser humano le aterra ser la oveja negra en un rebaño de ovejas blancas; no quiere que le excluyan. Entonces, construye todo un ego basado en la imitación de la muchedumbre. Come lo que comen todos, se viste como todos se visten, hace lo que le dicen que hay que hacer. Es por eso que a la persona promedio es fácil adivinar qué le gusta, cómo reacciona y qué estilo de vida desarrolla.
Las fuerzas del inconsciente, al estar más allá del ego, van por ende en contra del orden social. Invitan a la rebeldía. Cuando uno se abre a las honduras del inconsciente, comienza a cambiar, es decir, el ego comienza a modificarse, descubres nuevas partes de ti, y entonces empiezas a rebelarte, a ir en contra de ciertos dictámenes sociales: comienzas a ser más y más la oveja negra. Y es de esa diferenciación de donde salen nuevos tipos de líderes, de donde aparecen la originalidad y la verdadera inventiva. De allí que, cuando una sociedad es más ignorante de las fuerzas del inconsciente, se torna más enemiga de lo original, cambiante y creativo. Salvador Carrillo