06/09/2026
COMO LE HABLAS A TU MAMA
Hay una frase que le dijiste a tu mamá que ella todavía recuerda y tú ni siquiera te acuerdas de haberla dicho. Eso es lo primero que deberías pensar hoy.
Todos hemos discutido en casa, todos hemos levantado la voz alguna vez y casi siempre pasa lo mismo: en el momento, uno cree que tiene toda la razón, y esa certeza es exactamente la que hace que uno diga cosas que después no se pueden borrar.
El problema es que la discusión se te olvida a los dos días. A ella no. Pero hay algo que muy pocos consideran en medio de una discusión.
Éxodo 20:12 contiene un mandamiento con una característica única: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen sobre la tierra." De los diez mandamientos, este es el único que viene acompañado de una promesa. Los otros nueve son instrucciones. Este trae algo adjunto. Eso significa que Dios no lo puso ahí como un consejo, lo puso como una condición.
Y hay un detalle en el idioma original que la mayoría no conoce. La palabra hebrea que se traduce como honra es kabod y significa literalmente peso. Honrar a alguien es darle peso, es tratar a esa persona como algo que pesa en tu vida, no como algo que se puede empujar a un lado cuando estorba.
Cuando le gritas a tu mamá, no estás perdiendo una discusión, le estás quitando peso a alguien que Dios te puso al lado, la estás volviendo liviana, fácil de ignorar, fácil de contestar mal. Y aquí viene la parte que incomoda: la honra no es un sentimiento, es una decisión.
No dice "honra a tu madre cuando esté de buen humor", no dice "honra a tu madre cuando tengas la razón", no dice "honra a tu madre cuando te entienda". Dice "honra", punto. Puedes estar en desacuerdo con ella, puedes marcar un límite, puedes decir que no.
Todo eso se puede hacer sin humillarla, porque el problema casi nunca es lo que dices, es cómo lo dices, con qué tono lo dices y con qué cara la miras mientras lo dices. Esa mirada ella se la lleva a la cama.
Ahora piensa en algo por un segundo: esa mujer con la que discutiste ayer, se levantaba de madrugada cuando tú tenías fiebre, aprendió a cocinar lo que a ti te gustaba, se quedó despierta esperándote sin decirtelo, dejó de comprarse cosas para que a ti no te faltara nada, se preocupó por cosas tuyas que tú ni sabías que existían.
Y hoy, cuando ella pregunta algo simple, tú contestas con fastidio y sin levantar la vista del teléfono.
Efesios 6:2 lo repite en el Nuevo Testamento: "Honra a tu padre y a tu madre", que es el primer mandamiento con promesa. El primero con promesa.
Y ahora piensa en algo que casi nunca se dice: antes de ser tu mamá, ella era otra persona, tenía planes propios, tenía cosas que quería hacer, tenía un cuerpo que no le dolía, un tiempo que era suyo y un silencio que nadie le interrumpía.
Y renunció a casi todo eso sin decírtelo nunca, no te lo cobró, no te lo recordó cada vez que discutían, no lo usó como argumento, simplemente lo hizo y siguió haciéndolo todos los días como si fuera lo normal.
Pero si tu única razón para levantar la voz es que ella no piensa como tú, ahí hay algo que revisar.
Y ahora la parte que nadie quiere escuchar: un día vas a marcar ese número y nadie va a contestar, y todo lo que hoy te parece tan urgente defender, ese día no va a valer absolutamente nada.
No te vas a acordar de quién tenía la razón, ni siquiera te vas a acordar del tema de la discusión, solo vas a acordarte del tono con el que hablaste.
Pero hoy todavía estás a tiempo. Hoy ella todavía contesta, hoy todavía está en la otra habitación, hoy todavía puedes arreglarlo con una sola frase. No necesitas ganar la discusión, necesitas levantarte, ir a buscarla y decirle que lo sientes, aunque tú tuvieras la razón.
Yvonn W.