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27/04/2026
27/04/2026

La frase “Jamás vas a poder sanar si permaneces en los mismos lugares donde te enfermaste” destaca la importancia de alejarse de entornos dañinos para la sanación emocional. Esto se aplica a familia, entorno social, trabajo, amistades y relaciones tóxicas.

16/04/2026

Los Tres Órdenes del Amor

Humberto Del Pozo López

Hay personas que aman con intensidad genuina y aun así sus relaciones no funcionan. No por falta de buena voluntad. No por falta de entrega. Sino porque el amor, por sí solo, no es suficiente. Necesita un cauce.

Bert Hellinger observó en décadas de trabajo con familias que las relaciones de pareja — como todos los sistemas humanos — se sostienen o se deterioran según respeten o violen tres principios que él llamó los órdenes del amor. No son reglas morales. Son descripciones de cómo fluye la energía en los vínculos cuando algo funciona y de cómo se estanca cuando algo falla.

EL PRIMER ORDEN: LA IGUALDAD

Los dos miembros de la pareja tienen los mismos derechos y la misma condición. Eso suena obvio pero no lo es. Hay relaciones donde uno de los dos opera desde una posición de superioridad implícita — el que sabe más, el que gana más, el que sufre más, el que da más — y esa asimetría no declarada organiza el vínculo de maneras que ninguno de los dos eligió conscientemente.

La igualdad no significa que los dos sean idénticos ni que den exactamente lo mismo. Significa que los dos tienen el mismo peso en el campo. Que ninguno tiene que hacerse pequeño para que el otro quepa.

EL SEGUNDO ORDEN: EL EQUILIBRIO

Este es el más complejo de los tres y el que más trabajo clínico ilumina.

Hellinger observó que en cualquier relación de pareja hay un flujo continuo de intercambio. Se da y se recibe. Lo que se da no es solo cariño o tiempo o atención — también se dan heridas, decepciones, descuidos, distancias. El campo donde solo circulan cosas buenas no existe. El campo real tiene las dos corrientes.

Lo que sostiene una relación no es que el intercambio sea siempre positivo. Es que el intercambio sea proporcionado.

Cuando alguien da algo bueno al otro, produce en el que recibe una tensión — la necesidad de corresponder, de devolver algo de valor comparable. Esa tensión, lejos de ser un problema, es el motor del vínculo: el bucle que mantiene la corriente circulando en las dos direcciones. Si uno da constantemente y el otro solo recibe, la corriente se interrumpe en algún punto. El que da demasiado se coloca, sin quererlo, en una posición de superioridad moral que el otro eventualmente no puede sostener.

El caso del intercambio negativo es el que más resistencia produce. Joan Garriga, discípulo de Hellinger, lo ilustra con una escena que nadie que la haya leído puede olvidar: una mujer que llega a un taller habiendo descubierto la infidelidad de su pareja. Está radiante. Él, encogido. Ella describe la situación con algo que se parece demasiado a un triunfo. Garriga le pregunta: ¿has pensado cómo vas a vengarte para ponerte a su altura?

La mujer lo mira con extrañeza. Él insiste.

Lo que Garriga estaba describiendo es el principio del equilibrio aplicado al daño: cuando alguien nos hiere, la relación queda en desequilibrio. El que fue herido necesita devolver algo para restaurar la simetría. Si no lo hace — si absorbe el daño en silencio, si lo convierte en una deuda moral crónica, si lo usa como capital de superioridad — el vínculo se estanca en ese punto.

Vengarse con amor, en el sentido hellingeriano, no es venganza en el sentido ordinario. Es devolver el daño — pero un poco menos de lo que se recibió. Lo suficiente para que el sistema sepa que el intercambio es real, que los dos están en el mismo campo, que ninguno queda impune y ninguno queda aplastado. Y después dar un poco más de lo que se recibe en el intercambio positivo, para que la corriente siga expandiéndose.

Matías llegó a consulta describiendo un patrón que reconocía en sí mismo pero no podía interrumpir: recibía el afecto de su pareja con naturalidad, sin devolver nada de proporción comparable, y cuando ella reclamaba reciprocidad él lo vivía como agresión y respondía con distancia. El desequilibrio no era consciente. Pero organizaba el campo de manera tan consistente que su pareja había aprendido a dejar de pedir.

Lo que apareció en el trabajo no fue mala voluntad. Fue el patrón de un sistema que aprendió muy temprano que recibir amor era seguro y que darlo lo exponía. La solución de Matías había sido construida con lógica perfecta desde la perspectiva del niño que fue: no pedir, para no depender; no dar, para no quedar expuesto. El costo, que el niño no podía calcular, lo pagó el adulto en cada relación que tuvo después.

EL TERCER ORDEN: EL RESPETO A LOS PADRES

Este es el que más resistencia produce y el que más consecuencias tiene cuando se viola sin saberlo.

Hellinger observó que para poder estar plenamente disponible en una relación de pareja, los hombres necesitan haberse alineado con su padre — y a través del padre, con el linaje masculino de la familia — y las mujeres con su madre y el linaje femenino. No como ritual simbólico sino como movimiento interno real: reconocer en el padre o en la madre algo que vale, algo que puede ser recibido, algo que no necesita ser corregido para poder ser honrado.

El hijo que se colocó por encima de su padre — que lo juzgó, que lo descartó, que ocupó el lugar del padre en el campo afectivo de la madre — lleva esa posición al campo de pareja. Ninguna mujer puede competir con la madre que el sistema idealizó o con la madre cuyo lugar ocupó. El hombre que no encontró el camino hacia su padre difícilmente puede construir el suelo desde el que amar a otro con igual presencia.

Lo mismo ocurre con la mujer que no encontró el camino hacia su madre: el vínculo con los hombres queda organizado desde la distancia o desde la expectativa de que el hombre le dé el valor que solo puede recibir del linaje femenino.

La alineación con los propios padres no requiere que hayan sido buenos padres. Requiere algo más difícil: poder verlos en su tamaño real — con sus limitaciones, con su historia, con lo que pudieron y lo que no pudieron dar — sin que esa visión los condene ni los idealice. Reconocer que sin ellos no habría campo desde el que amar a nadie.

Matías, en el trabajo que siguió a los meses de terapia de pareja, llegó a una sesión de constelación donde pudo pararse frente a la figura de su padre y decirle algo que llevaba décadas sin poder decir. No fue dramático. Fue pequeño y preciso: lo veo. Veo lo que fue, incluyendo lo que no pudo ser. Y desde ahí, me alineo con él.

Algo cambió en el campo después de eso. No de inmediato ni de golpe. Pero cambió.

Su pareja lo notó antes que él.

Los tres órdenes del amor no garantizan que una relación dure ni que sea fácil. Garantizan algo diferente: que el campo tenga el suelo desde el que el amor puede fluir en lugar de estancarse.

La igualdad que permite que los dos quepan. El equilibrio que mantiene la corriente circulando en las dos direcciones. El respeto al origen que libera la energía que estaba atrapada en vínculos más antiguos.

Cuando los tres están presentes, el amor no necesita ser perfecto para ser real.

Solo necesita tener cauce.

Humberto Del Pozo López
Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico
Método de Resonancia Límbica TriFOCAL
Centro Bert Hellinger — Viña del Mar, Chile
Online y Presencial: 9 2113 8713

07/04/2026

| 𝐃𝐈́𝐀 𝐌𝐔𝐍𝐃𝐈𝐀𝐋 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐒𝐀𝐋𝐔𝐃
En el Colegio de Psicólogos del Perú, nos sumamos a la conmemoración del Día Mundial de la Salud, reafirmando nuestra labor en la promoción de una vida plena y saludable para todos los ciudadanos.

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06/04/2026

🏅🌍 6 de abril | Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz

El deporte es mucho más que competición: es una herramienta para educar en valores, fomentar la inclusión, mejorar la salud y construir convivencia.

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06/04/2026
06/04/2026

En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, reconozcamos la diversidad que existe en cada persona. Con respeto y empatía, construyamos un mundo mejor para todos.

06/04/2026
25/11/2025

| Si hay control, miedo o maltrato… no es amor. Es .

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