12/01/2026
INFIDELIDAD
La Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS) parte de una idea sencilla pero poderosa: no se trata de hurgar interminablemente en las causas del problema, sino de mirar hacia adelante y construir, paso a paso, aquello que sí puede funcionar. Cuando una pareja llega a consulta atravesada por la infidelidad, el dolor suele estar a flor de piel: hay reproches, silencios tensos, preguntas sin respuesta y una sensación de quiebre profundo. Sin embargo, incluso en ese escenario, la TBCS propone un camino posible: co-crear un futuro distinto, más digno y más coherente con los valores de ambos.
El proceso podría entenderse así:
1. Construir una alianza terapéutica con ambos miembros de la pareja
Todo comienza con algo esencial: crear un espacio seguro. Un lugar donde ninguno se sienta atacado ni juzgado, donde el dolor pueda nombrarse sin miedo y donde la culpa no sea un arma arrojadiza.
El terapeuta valida las emociones que aparecen —la rabia, la tristeza, la vergüenza, la confusión— y deja claro desde el inicio que la consulta no es un tribunal. Aquí no se trata de dictar sentencias, sino de abrir posibilidades.
La pregunta que marca el tono suele ser directa y honesta:
“¿Qué esperan lograr al trabajar juntos en esta terapia?”
2. Definir el objetivo deseado por la pareja
Más allá de la traición, más allá de la crisis, hay una pregunta más profunda: ¿qué tipo de relación quieren construir ahora? En este punto, la terapia invita a imaginar. No como fantasía ingenua, sino como brújula.
Se les pide que describan cómo sería su vida cotidiana si la relación funcionara como desean: cómo se hablarían, cómo se mirarían, cómo resolverían los desacuerdos. A veces, solo ese ejercicio ya abre una rendija de esperanza.
Surgen preguntas como:
“Si esta noche ocurriera un milagro y su relación fuera como desean, ¿qué sería diferente mañana?”
“¿Qué querrían preservar de lo que aún funciona bien entre ustedes?”
3. Explorar excepciones al problema
Incluso en las relaciones más golpeadas hay momentos de tregua, instantes donde el problema no domina todo. La TBCS se detiene allí, en esas pequeñas excepciones.
Se exploran los momentos en que hubo cercanía a pesar del conflicto, los días en que pudieron conversar sin herirse, los gestos mínimos que todavía sostienen el vínculo.
Preguntas como estas ayudan a iluminar esos espacios:
“¿Ha habido momentos en los que se han sentido más unidos a pesar de lo ocurrido?”
“¿Qué hicieron diferente en esas ocasiones?”
4. Identificar recursos y fortalezas individuales y de la relación
En medio de la crisis, es fácil olvidar todo lo que alguna vez los unió. Aquí el trabajo consiste en rescatar capacidades, valores, aprendizajes, resistencias. No para idealizar la relación, sino para reconocer que hay recursos reales con los que se puede trabajar.
Se busca que cada uno pueda reconocer no solo lo que duele, sino también lo que aún valora del otro y de sí mismo dentro del vínculo.
Por ejemplo:
“¿Qué les ha permitido mantenerse juntos hasta ahora?”
“¿Qué admiras o valoras de tu pareja, incluso en este momento difícil?”
5. Co-construir pequeños pasos hacia el cambio
El cambio no llega con grandes discursos, sino con acciones pequeñas y concretas. La terapia se orienta a definir conductas posibles, realistas, medibles: gestos de cuidado, acuerdos claros, límites necesarios, nuevas formas de comunicación.
No se trata de promesas grandilocuentes, sino de avances modestos pero significativos.
Preguntas como:
“¿Qué es una cosa pequeña que podrían hacer esta semana para acercarse un poco más a la relación que desean?”
“¿Cómo sabrán que están progresando?”
6. Monitorear avances y reforzar lo que funciona
Cada sesión se convierte en una oportunidad para mirar lo que sí está cambiando. Por pequeño que parezca, cada avance cuenta: una conversación más respetuosa, una reacción distinta, una decisión más consciente.
El terapeuta ayuda a que esos logros no pasen desapercibidos:
“¿Qué ha funcionado desde la última vez que nos vimos?”
“¿Cómo se sintieron al hacer ese cambio? ¿Qué notaron en su pareja?”
Notas importantes
Este enfoque no niega el dolor ni trivializa la infidelidad. Simplemente elige no quedarse atrapado en la lógica de la culpa eterna. Se pone énfasis en la responsabilidad compartida sobre la dinámica de la relación, sin forzar perdones ni reconciliaciones artificiales.
Cada persona conserva su derecho a decidir: la mujer debe asumir si está dispuesta a cambiar su conducta; el hombre debe evaluar si puede —y quiere— reconstruir la confianza. Y si alguno concluye que no desea continuar, la terapia también puede orientarse a cerrar la relación de la manera más respetuosa y humana posible.
Porque, al final, la TBCS no promete salvar todas las parejas. Lo que sí ofrece es algo quizá más valioso: un camino para tomar decisiones conscientes y construir, con dignidad, el futuro que cada uno elija.