28/07/2026
UN PERUANO MÁS
Mensaje por Fiestas Patrias — 28 de julio de 2026
No les escribo como autoridad. No tengo banda, ni curul, ni despacho.
Les escribo como uno más: como el que también mira el noticiero con el estómago apretado, el que también revisa dos veces la chapa de la puerta antes de dormir, el que también se ha preguntado —en voz baja, para que los hijos no escuchen— si valdrá la pena quedarse.
Hoy el Perú cumple 205 años. Hoy jura una nueva presidenta y, desde ayer, vuelve a funcionar un Congreso bicameral. Y hoy, como cada 28 de julio, izamos una bandera sobre un país que se desangra.
Porque eso es lo que está pasando, y hay que decirlo sin adornos: no solo nos desangra la pobreza; nos desangra la injusticia que la reproduce, la administra y termina convirtiéndola en herencia. La pobreza duele; la injusticia humilla. La pobreza se combate; la injusticia, cuando se vuelve costumbre, se hereda.
En una conferencia dictada en el Perú, Josefina Vázquez Mota recordó una caricatura que atribuyó al mexicano Abel Quezada. Los dedos de Dios dibujaban una nación y la llenaban de tierra fértil, agua, minerales, salida al mar y una ubicación privilegiada. Las demás naciones reclamaron:
—Eso es injusto, a nosotros no nos diste tanto.
Dios lo pensó y dijo:
—Tienen razón, voy a equilibrar las circunstancias.
Y entonces dibujó a un mexicano...aludiendo tambien a la realidad peruana.
Es una caricatura cruel*. *Pero su sentencia es falsa.
No somos un pueblo defectuoso. Somos un pueblo atrapado demasiadas veces en instituciones que premian la viveza, castigan la honestidad y convierten la excepción en costumbre. Yo he visto a este pueblo levantarse de terremotos, de huaicos, de una pandemia, de gobiernos que se caían uno tras otro. Lo que nos hunde no es la gente: es que aquí robar sale barato y ser honrado sale caro. Abel Quezada hizo de la sociedad y de la conducta del mexicano temas centrales de su obra crítica.
Miren cualquier cuadra del país y díganme si miento.
La panadería atiende entre rejas: el pan sale por una ventanilla y la dueña ya no ve la cara de quien le compra. Abrir el negocio con tranquilidad dejó de ser lo normal y pasó a ser una aspiración. Caminar por la calle sin voltear a mirar atrás se volvió un lujo.
El mototaxista paga su cuota antes de subir al primer pasajero, y me dijo una frase que no me deja dormir:
—Antes trabajaba para comer; ahora trabajo para pagar y, si sobra, como.
La señora que quiso formalizar su taller volvió cuatro veces por un permiso, hasta que un funcionario le bajó la voz y le dijo que había maneras de agilizarlo. No volvió.
Hoy cose de madrugada, sin licencia y sin seguro. Y después nos preguntamos por qué este país es informal.
Al que produce lo arrincona el delincuente por un lado y el Estado por el otro.
Uno cobra con miedo. El otro, con sello.
Y a la vuelta de esa misma esquina hay un cauce sin defensas ribereñas y un cartel oxidado que anuncia una obra terminada en el papel y jamás en el suelo. Ya no sabemos cuándo llueve: el Niño dejó de respetar calendario. Lo único seguro es que va a llover.
Señora presidenta:
Con el respeto de un ciudadano que conserva una esperanza cansada, pero que todavía se niega a perderla.
Usted ya va a aparecer en los libros de historia. Eso está decidido. Lo único que falta decidir es en qué capítulo.
Hay un capítulo para quienes le devolvieron a la gente el derecho a abrir la puerta de su negocio y a caminar tranquila por su calle.
Y hay otro, el de la vergüenza nacional, para quienes juraron con la mano en el pecho y entregaron el país peor de como lo recibieron. Ese capítulo ya tiene demasiados nombres. No hace falta agregar otro.
Ese capítulo no se escribe con el mensaje de hoy. Se escribe con la primera ley que promulgue y con el primer ascenso policial que respete el mérito y no el apellido ni el favor.
Usted ha dejado de dirigir un partido político. Desde hoy dirige toda una nación.
La banda que reciba no representa solamente a quienes la llevaron al poder. Representa también a quienes votaron por otra opción y a quienes ya no creen en nadie.
Cada ley, cada nombramiento, cada ascenso y cada presupuesto demostrarán si gobierna para toda la nación o para un pequeño grupo.
*La banda presidencial no tiene el color de un partido: tiene los colores del Perú.*
Pero sería demasiado cómodo terminar allí, culpando a los de arriba.
Ese libro también tiene páginas para nosotros. Y en las nuestras no escribe nadie más.
Escribe el que paga la coima “porque todos lo hacen”. El que presencia una agresión y no llama, no alerta, no busca ayuda y decide que el problema no es suyo.
El que cruza la calle cuando alguien pide auxilio.
Y también escribe —y esto es lo que me sostiene— el policía que recibe la denuncia sin mandar al ciudadano a volver otro día. El médico que mira al paciente antes que a la pantalla. El maestro que no se limita a dictar contenidos, sino que mira a sus estudiantes y se asegura de que alguien haya comprendido. Y el vecino que pone un foco más para que su vereda deje de estar a oscuras, porque al delincuente no le asusta la reja: le asusta que lo reconozcan.
Ese Perú también existe.
*El desafío es que deje de ser la excepción.*
En su libro Perú: problema y posibilidad, publicado en 1931, Jorge Basadre escribió que el Perú era, por desgracia, un problema, pero también, felizmente, una posibilidad.
Más de noventa años después, seguimos eligiendo cuál de esas dos palabras vamos a convertir en destino. Y esa elección no se hace cada cinco años en un ánfora: se hace cada mañana, cuando abrimos la puerta del negocio, del aula, del consultorio o de la oficina.
Nadie levanta defensas ribereñas la noche de la inundación.
Se levantan con el río seco, cuando todavía parecen innecesarias.
Hoy no llueve. Todavía.
Y si algo aprendí de este pueblo es que aquí nadie espera que el agua baje sola.
Aquí la gente saca el barro con lampa prestada. Aquí la señora vuelve a abrir la panadería al día siguiente. Aquí el maestro entra al aula aunque el techo gotee. Aquí se levanta el mercado, el puente y la casa otra vez, y otra vez, y otra vez.
A este país nunca le faltó grandeza.
*Le faltó que la grandeza fuera lo normal y no la excepción.*
En la ventanilla: si me insinúan que “hay una manera de agilizarlo”, pido el plazo por escrito y dejo constancia.
En mi cuadra: un foco que alumbre la calle, mi cámara hacia la vereda y al amenazado no lo dejo denunciar solo.
En mi trabajo: no cierro la clase ni la atención sin preguntar:
—¿Qué se lleva usted de esto?
Elija una.
La que pueda sostener sin ponerse en riesgo.
Y si alguien duda de lo que nuestra gente puede aportar al mundo, recuerde esto:
El papa León XIV es peruano por elección. Su trayectoria pastoral quedó marcada por Chulucanas, Trujillo y Chiclayo. Más allá de la fe de cada uno, hay allí una verdad nacional: nuestra mayor riqueza nunca estuvo solamente debajo de la tierra, sino también dentro de nuestra gente.
Doscientos cinco años después, la patria ya no necesita que muramos por ella.
Necesita que vivamos como si de verdad fuera nuestra.
¡Felices Fiestas Patrias!
¡Que viva el Perú y que viva la gente que todavía no se rinde!
Ludwing Darío Alfaro García
Un peruano más