20/08/2026
TU PAREJA NO VINO A CRIARTE, RESCATARTE NI REPARARTE
Hay algo que necesitamos comprender cuando hablamos de relaciones de pareja: tu pareja no es tu papá, no es tu mamá, no es tu terapeuta y no vino a rescatarte.
El amor incondicional, ese que dice: “te amo porque eres mi hijo, independientemente de lo que hagas”, pertenece fundamentalmente al vínculo entre padres e hijos.
Cuando llevamos esa expectativa a la pareja, comenzamos a pedirle a una relación entre adultos cosas que pertenecen a otro lugar.
Y entonces aparece el niño o la niña herida.
Queremos que nuestra pareja aguante nuestros desequilibrios, que nos rescate económicamente, que nos haga felices, que sepa exactamente lo que necesitamos sin tener que decirlo, que llene nuestros vacíos y que permanezca ahí, no importa lo que hagamos.
Y, amores, eso no es amor. Eso es una demanda.
Cada vez que digo: “Tú deberías hacerme feliz”, “tú deberías saber lo que necesito”, “si me amaras harías esto por mí”, vale la pena detenernos y preguntarnos:
¿Quién está hablando aquí? ¿La mujer o el hombre adulto que soy hoy, o ese niño herido que todavía está esperando recibir algo que no recibió?
Porque nuestra pareja no tiene la responsabilidad de reparar lo que mamá o papá no pudieron darnos.
Tampoco tiene la responsabilidad de sanar aquello que nosotros mismos todavía no hemos querido mirar.
La pareja es un vínculo entre iguales.
Yo te miro a ti como adulto y tú me miras a mí como adulto.
Y desde ahí construimos.
Desde la reciprocidad. Desde el respeto. Desde el buen trato. Desde acuerdos claros. Desde la responsabilidad afectiva y desde la capacidad de cada uno de hacerse cargo de sí mismo.
Por supuesto que una pareja puede acompañarte. Puede sostenerte en momentos difíciles. Puede escucharte, abrazarte, ayudarte y caminar contigo.
Pero acompañarte no significa cargarte.
Y mucho menos vivir tus procesos por ti.
Mientras sigamos buscando inconscientemente a papá o a mamá en nuestras parejas, se nos hará muy difícil mirar verdaderamente al ser humano que tenemos delante.
Porque cuando convierto a mi pareja en quien tiene que rescatarme, cuidarme, mantenerme, resolverme o llenar todos mis vacíos, dejo de relacionarme con un igual y comienzo a relacionarme desde la necesidad.
Y ahí el amor comienza a pesar.
Así que hazte una pregunta:
¿Qué le estoy exigiendo constantemente a mi pareja?
¿Qué sigo esperando que haga por mí?
¿Qué reclamo una y otra vez?
¿Y qué parte de eso me corresponde comenzar a trabajar, sanar, pedir claramente o aprender a darme yo?
Hoy te propongo un ejercicio sencillo.
Piensa en esa demanda que más se repite en tu relación. Mírala con honestidad. Mira a tu pareja internamente y dile:
“Tú no eres mi padre.
Tú no eres mi madre.
Eres mi pareja y eres mi igual.
Retiro de ti las exigencias que no te corresponden.
Me hago responsable de mis heridas, de mis necesidades y de mis propios vacíos.
Y desde mi lugar de adulta/o, elijo encontrarte a ti desde el amor, la reciprocidad y la libertad.”
Carmen Gaia
Empoderamiento Tántrico
(787) 383-3438