16/10/2026
CUARENTA HÍGADOS AL AÑO
Esta semana estuve en la convención de los oncólogos de Puerto Rico. Tres años seguidos yendo, y este año me tocó hablar de cáncer de hígado. Era el único radiólogo intervencional en el programa.
Lo que dije allí lo quiero decir aquí también, directo al grano, porque el que más necesita oírlo no estaba en ese salón.
Casi siempre empieza igual. Alguien en la familia tiene cirrosis. Por hepatitis, por alcohol, por hígado graso, que aquí sobra. Lleva años con eso, controlado, sin mucho drama. Y un día un sonograma de rutina muestra una mancha.
La palabra que sigue es cáncer, y ahí la familia se congela. Porque lo que todo el mundo piensa del cáncer de hígado es que la cura es un trasplante, y lo que todo el mundo sospecha es que el trasplante no va a llegar.
Los números les dan la razón. En Puerto Rico se diagnostican unos cuatrocientos cuarenta y cinco casos de cáncer de hígado al año, y mueren unos cuatrocientos. Casi tantos como se diagnostican. Hay un solo programa de trasplante de hígado, y hace alrededor de cuarenta al año. Para toda la isla.
Cuarenta hígados para cuatrocientos pacientes.
Con esa matemática uno pensaría que la mayoría no tiene opciones. Y eso es exactamente lo que NO es cierto.
Hay guías internacionales para este cáncer que llevan décadas afinándose, y dicen más o menos lo siguiente. Si el tumor es pequeño y el hígado todavía funciona, se opera o se quema desde adentro con una aguja. Si son varios o están más grandes, se usa la quimioembolización: se llega por la arteria que alimenta el tumor, se le deja la quimioterapia directamente encima, y después se cierra esa arteria. Más dosis en el tumor, menos en el resto del cuerpo. Si el paciente está en lista de trasplante, esos mismos tratamientos sirven para mantenerlo elegible mientras espera, porque un tumor que crece lo saca de la lista. Y los medicamentos que van por todo el cuerpo, la inmunoterapia y las quimioterapia, se reservan para cuando el cáncer ya está avanzado o cuando ninguno de esos tratamientos es posible.
Es verdad que nos faltan cosas. No tenemos la técnica más nueva, que usa partículas radioactivas (Y-90) en vez de quimioterapia y suena mejor en una conferencia que en los datos: hasta hoy no ha demostrado que la gente viva más que con lo que sí tenemos. Y no tenemos cuatrocientos hígados.
Pero tenemos lo que las guías dicen que hay que tener, y tenemos oncólogos que saben cuándo usarlo. Este trabajo se hace junto al oncólogo, siempre. Y funciona mejor cuando la radiología intervencional está en la mesa desde el principio, no como último recurso.
El paciente con cirrosis casi nunca lee esto. Pero su hija sí. Su nieto sí. Y el día que aparezca la mancha, lo que esa familia sepa va a pesar tanto como lo que tenga el hospital.
Cuarenta hígados al año para toda la isla. Por eso aquí ganar tiempo no es un detalle.
Es vida.
Dr. Ricardo López · Radiología Vascular e Intervencional