18/06/2026
Expresión de Oposición al Proyecto del Senado 1301
Por este medio, expreso mi oposición al Proyecto del Senado 1301 debido a las preocupaciones que suscita en torno a la protección de la confidencialidad y al derecho de los menores a expresarse en un espacio seguro. La confidencialidad constituye un principio fundamental en múltiples ámbitos, particularmente en la prestación de servicios de salud, salud mental y apoyo social, donde la confianza entre las personas —en este caso, los menores— y los profesionales depende de la garantía de que la información compartida será protegida adecuadamente.
Reconozco la intención de que los padres cuenten con mayores mecanismos de conocimiento y protección para los menores dentro de los procesos terapéuticos. Sin embargo, cualquier legislación que pueda ampliar el acceso, uso o divulgación de información confidencial debe incorporar salvaguardas rigurosas que garanticen el respeto a los derechos fundamentales de confidencialidad, privacidad, autonomía, dignidad humana y bienestar del menor. La protección de estos derechos es esencial para preservar la confianza en los servicios dirigidos a poblaciones vulnerables.
Por mi parte, notifico que, de aprobarse esta medida, cesaré la prestación de servicios a menores de 18 años. Esta decisión no responde al temor de ser grabada, sino a que, desde mi experiencia profesional, una de las condiciones más importantes para que un proceso terapéutico sea efectivo es que el menor perciba el espacio terapéutico como un lugar seguro para expresarse libremente. Siempre procuro que los menores se sientan seguros antes de entrar solos a terapia y durante todo el proceso terapéutico. Cuando existe la percepción de que sus pensamientos, expresiones, emociones o preocupaciones podrían no mantenerse dentro de los límites éticos de la confidencialidad, se corre el riesgo de afectar la apertura, la honestidad y la confianza necesarias para el éxito del proceso terapéutico.
Mi preocupación principal no radica en la supervisión de la práctica profesional —para ello existen mecanismos a los cuales los padres pueden recurrir—, sino en el posible efecto que esta medida pueda tener sobre los menores que necesitan un espacio protegido para hablar de sus experiencias, emociones y dificultades. En muchos casos, especialmente cuando los conflictos o factores de estrés se originan en el propio entorno familiar, la relación terapéutica representa una de las pocas oportunidades para que el menor se exprese con seguridad y reciba apoyo adecuado. Asimismo, brinda la oportunidad de acompañar a la familia en la búsqueda del mayor bienestar posible para el menor.
La privacidad y la confidencialidad no son privilegios; son derechos fundamentales que merecen ser protegidos.