06/01/2026
El humano artificial
5 de enero de 2026
Entrando en el 2026, surgen preguntas sobre lo legal, lo moral y lo ético de la inteligencia artificial.
Pero, ¿realmente nos preocupa algo que sí podemos controlar?
¿O nos inquieta más el hecho de que nos parezcamos tanto a ella?
Para comenzar, la inteligencia artificial en sí misma no siente ni padece.
Es una base de datos que recopila información y la difunde según lo que el usuario da por sentado.
Es fría y calculadora.
Es su naturaleza: algoritmos, nomenclaturas matemáticas, eficiencia.
También es automática.
No se detiene.
Porque detenerse sería su muerte.
Ahora bien, ¿te recuerda a alguien?
Veamos.
En primer lugar, no siente ni padece.
El mundo está cada vez más habitado por personas sin escrúpulos, con un vacío moral evidente, que repiten o divulgan información con el propósito de dañar al prójimo.
En segundo lugar, fría y calculadora.
Sí, el ser humano posee estas características.
La historia está llena de figuras así, pero no tenemos que ir tan lejos.
El mundo de hoy no es tan distinto al de ayer.
Por último, automática.
Y sí, así vivimos.
Rutinarios.
Como máquinas con una nomenclatura que funciona hasta que algo falla.
La mayoría de las personas vivimos en automático, desde que nos levantamos hasta que nos dormimos.
Al hacer este contraste entre el humano y la inteligencia artificial, el parecido resulta inquietante.
Tenemos tanto en común que asusta.
Entonces, ¿a qué le tememos realmente?
¿A que ocupen nuestro lugar?
¿O a aceptar que, quizás, los artificiales somos nosotros?
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Dicho sin prisa
— JR
5 de enero de 2026