09/10/2026
A veces les exigimos a los niños un nivel de regulación emocional que ni siquiera los adultos logramos mantener todo el tiempo.
Esperamos que siempre contesten bien, que no se irriten, que manejen la frustración, que controlen el tono, que acepten un “no” sin molestarse y que sepan expresar correctamente lo que sienten.
Pero los niños también tienen días difíciles. Se cansan, se frustran, se enojan, se sienten sobrepasados y, muchas veces, todavía no cuentan con las herramientas necesarias para manejar todo lo que sienten.
Esto no significa permitir cualquier conducta.
Podemos validar la emoción y, al mismo tiempo, poner límites a la conducta:
“Entiendo que estás muy enojado, pero no puedes pegar.”
“Puedes estar molesto conmigo, pero vamos a hablar sin lastimarnos.”
“Veo que hoy está siendo difícil. Cuando estés más tranquilo, lo hablamos.”
Educar emocionalmente no significa criar niños que nunca se enojen, lloren o contesten mal.
Significa enseñarles, poco a poco, qué hacer con aquello que sienten.
Antes de exigirles que sepan regularse, recordemos algo importante:
La regulación emocional primero se acompaña, luego se aprende y, con el tiempo, se vuelve cada vez más autónoma.