22/08/2026
DÍA 18 JUICIO DE LINDSAY CLANCY
Hoy fue, para mí, uno de los días más interesantes de este juicio porque vimos algo que pocas veces el público tiene la oportunidad de observar tan claramente: dos psiquiatras forenses, examinando esencialmente la misma historia, llegando a conclusiones profundamente diferentes sobre el estado mental de una persona.
Primero escuchamos al Dr. Phillip Resnick, último testigo de la defensa. Llevaba días esperando su testimonio, no porque esperara que dijera algo en particular, sino por quién es y por la experiencia que trae a esta discusión.
Resnick lleva décadas trabajando en psiquiatría forense y ha participado como experto en algunos de los casos más conocidos de Estados Unidos, incluyendo Jeffrey Dahmer, Timothy McVeigh, el Unabomber y Andrea Yates. Su experiencia con Yates resulta especialmente relevante porque se trató de otro caso en el que la psicosis posparto y la responsabilidad criminal estuvieron en el centro de la discusión.
Después de evaluar a Lindsay y revisar la información disponible, Resnick fue contundente: en su opinión, Lindsay estaba psicótica el 24 de enero de 2023. Habló de una command hallucination, de una delusion of influence y de la experiencia que Lindsay describió como sentir que una fuerza externa controlaba su cuerpo, casi como si alguien más estuviera “moviendo los hilos”. También señaló que las pruebas realizadas por los expertos del gobierno sugerían que Lindsay tendía a minimizar sus síntomas, no a exagerarlos, y que no encontró evidencia de que estuviera fingiendo síntomas psiquiátricos.
La defensa descansó.
Y entonces comenzó el rebuttal del Estado.
Subió al estrado el Dr. Avram Mack, también psiquiatra forense. Su conclusión fue muy diferente. Reconoció que Lindsay probablemente atravesaba un episodio depresivo mayor acompañado de ansiedad, pero no encontró evidencia suficiente de psicosis, manía o hipomanía. En su opinión, Lindsay conservaba la capacidad de comprender sus actos y controlar su conducta.
Y entonces llegó un contrainterrogatorio que, para mí, fue particularmente revelador.
Salieron preguntas sobre su metodología, su experiencia específica con psicosis posparto y las personas que entrevistó para reconstruir el funcionamiento de Lindsay. Mack reconoció que, además de entrevistar a Lindsay y revisar documentación y testimonios, no entrevistó personalmente a familiares, compañeros de trabajo u otras personas de su entorno durante su investigación. También declaró que había tratado aproximadamente diez casos de psicosis posparto durante 25 años. Finalmente se conoció que Mack evaluó a Lindsay 3 años después de los hechos.
Mientras escuchaba todo esto pensaba en algo que vemos constantemente cuando hablamos de salud mental:
Las personas esperan que la enfermedad mental sea sencilla.
Queremos que una persona psicótica “parezca psicótica” todo el tiempo. Que alguien gravemente enfermo sea incapaz de mantener una conversación normal. Que exista una línea perfectamente visible entre funcionamiento y enfermedad.
Pero la salud mental rara vez funciona de manera tan simple.
Hoy incluso profesionales con formación especializada interpretaron de manera muy diferente síntomas, conductas y evidencia pertenecientes a una misma persona. Eso, por sí solo, debería recordarnos cuánto cuidado debemos tener cuando desde afuera reducimos una condición psiquiátrica compleja a “yo la vi normal”, “sabía lo que estaba haciendo” o “una persona psicótica no puede hacer eso”.
El jurado tendrá que decidir qué evidencia considera más convincente y, finalmente, determinar la responsabilidad criminal de Lindsay.
Mi interés en seguir este juicio está en otra pregunta.
Tres niños perdieron la vida. Una familia quedó destruida. Y durante semanas hemos escuchado sobre síntomas, llamadas, medicamentos, hospitalizaciones, evaluaciones y múltiples contactos con profesionales.
Entonces, desde la salud mental, mi pregunta continúa siendo:
¿Qué podemos aprender de todo esto para reconocer antes a la próxima madre que se esté deteriorando, intervenir mejor y evitar que otra familia llegue hasta aquí?
Porque esa conversación no es sobre estar a favor o en contra de Lindsay Clancy.
Es sobre prevención.
Es sobre educación.
Y es sobre salud mental materna.
Dra. Fermina L. Román – Psicóloga