27/08/2026
El caso de Lindsay Clancy no debería llevarnos únicamente a hablar de una tragedia. También debería obligarnos a hablar de salud mental materna.
Durante los últimos días, su nombre ha ocupado titulares y conversaciones en redes sociales. Y ante un caso de esta magnitud es comprensible que aparezcan muchas emociones, opiniones y preguntas.
No pretendo utilizar este espacio para discutir los aspectos legales del caso, establecer responsabilidades ni intentar explicar una tragedia que merece ser tratada con enorme sensibilidad.
Quiero detenerme en otra conversación.
Una que, como profesional de la salud mental perinatal, considero que necesitamos seguir teniendo:
¿Qué lugar le estamos dando realmente a la salud mental de las madres?
Porque todavía vivimos en una cultura que prepara ampliamente para la llegada de un bebé, pero muchas veces prepara muy poco para todo lo que puede ocurrir emocionalmente con la persona que acaba de convertirse en madre.
Hablamos del embarazo.
Del parto.
De lactancia.
De sueño.
De recuperación física.
Pero seguimos teniendo dificultad para hablar con la misma naturalidad sobre depresión, ansiedad, pensamientos intrusivos, desesperanza, alteraciones severas del sueño, pérdida de identidad, trauma, trastornos del estado de ánimo o psicosis durante el periodo perinatal.
Y cuando no hablamos de estas experiencias, muchas mujeres pueden atravesarlas sintiendo que aquello que les ocurre significa que están fallando como madres.
La salud mental materna no puede comenzar a importarnos solamente cuando ocurre una crisis.
-Tiene que importarnos antes.
-Tiene que estar presente durante el embarazo.
-En las visitas de seguimiento.
-En el posparto.
-En las conversaciones familiares.
-En las preguntas que hacemos.
-En las señales que decidimos no minimizar.
También, cuando una madre dice:
"No me siento como yo."
"No estoy durmiendo."
"Tengo pensamientos que me asustan."
"Siento que algo no está bien."
"No puedo más."
No todas las dificultades de salud mental perinatal se presentan de la misma manera ni tienen la misma severidad. Y es importante decirlo: atravesar depresión, ansiedad u otro trastorno perinatal no significa que una madre vaya a hacerle daño a su bebé.
Tampoco debemos utilizar tragedias para construir una imagen de las madres con condiciones de salud mental como peligrosas. Pero sí necesitamos comprender que existen condiciones de salud mental graves durante el periodo perinatal que requieren identificación y atención inmediata.
La psicosis posparto, por ejemplo, ocurre aproximadamente en 1 a 2 de cada 1,000 partos, pero constituye una emergencia. Puede incluir delirios, alucinaciones, paranoia, confusión, desorganización y pérdida del contacto con la realidad. Y, con tratamiento adecuado, es una condición tratable.
Por eso hablar de salud mental materna también significa aprender a diferenciar entre malestar esperado, síntomas que requieren acompañamiento profesional y situaciones que requieren intervención inmediata.
Pero hay algo más.
No podemos colocar toda la responsabilidad de identificar el sufrimiento sobre la propia madre.
Necesitamos parejas que pregunten y observen.
Familias que acompañen sin juzgar.
Profesionales de obstetricia, ginecología, pediatría y atención primaria que integren la salud mental dentro de sus conversaciones rutinarias.
Profesionales de salud mental con preparación para comprender las particularidades del periodo perinatal.
Y sistemas que permitan que pedir ayuda no sea una carrera de obstáculos.
Quizás una de las conversaciones más importantes que podemos tener a raíz de casos como este no sea intentar comprender desde afuera cada detalle de una tragedia.
Quizás sea preguntarnos:
¿Estamos escuchando a las madres antes de que lleguen a una crisis?
¿Estamos creando espacios donde puedan decir lo que realmente están pensando sin miedo a ser juzgadas?
¿Estamos educando a las familias sobre las señales que requieren atención?
¿Estamos integrando verdaderamente la salud mental dentro del cuidado perinatal?
Hablar de salud mental materna no significa asumir que todas las madres están enfermas. Significa reconocer que detrás del bebé que todos quieren conocer, cargar y cuidar, también existe una persona atravesando una de las transiciones físicas, psicológicas, relacionales y sociales más importantes de su vida.
Y esa persona también necesita ser mirada.
También necesita que le preguntemos cómo está.
También necesita descanso.
También necesita acompañamiento.
Y algunas veces, necesita tratamiento.
La salud mental materna merece conversación, prevención, detección temprana y acceso a tratamiento.
No solamente cuando algo ocurre.
Mucho antes.