30/08/2026
“Cuando la Humildad Derriba la Barrera del Milagro” Dr.Peter BurgosVega Psy.D
La mujer cananea llegó delante de Jesús con una necesidad que parecía no tener respuesta.
Clamó: “Señor, hijo de David, ten misericordia de mí”, y Jesús guardó silencio.
Los discípulos querían despedirla, y posteriormente Jesús le habló de la prioridad de su misión hacia Israel.
Sin embargo, ella no permitió que el silencio, la aparente negativa ni las palabras difíciles extinguieran su fe.
Se humilló delante del Maestro y respondió: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.”
Allí aparece una de las expresiones más extraordinarias de fe humilde en los Evangelios.
Jesús finalmente le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres.” Su postura no fue de exigencia, sino de dependencia; no negoció desde el mérito, sino que se aferró a la misericordia.
Psicológicamente, esta escena revela algo profundo sobre la humildad, la tolerancia a la frustración y la perseverancia.
Una persona dominada por el orgullo puede interpretar el silencio como rechazo, una demora como abandono o una respuesta negativa como humillación, y retirarse para proteger su ego.
La mujer hizo exactamente lo contrario: la dificultad no destruyó su esperanza; la hizo más dependiente.
Su vulnerabilidad le permitió permanecer frente a una respuesta que podía haberla ofendido.
Y aquí está la enseñanza: hay momentos en que la humildad nos permite permanecer donde el orgullo nos habría hecho abandonar.
No se trata de manipular a Dios ni de pensar que la insistencia obliga a Dios a concedernos algo; se trata de una fe que, aun cuando no entiende el proceso, continúa diciendo: “Señor, sigo necesitando de ti.”