17/08/2026
En mi último reel utilicé la palabra niñe.
Entre los comentarios que recibí hubo personas diciendo que era un disparate, que utilizarlo les hacía cuestionar mi credibilidad como psicóloga y que el lenguaje inclusivo estaba “distorsionando la sociedad”.
Me pareció una excelente oportunidad para conversar. Podemos debatir sobre lingüística, gramática y las diferentes formas de utilizar lenguaje inclusivo, pero desde mi profesión hay otra conversación que me interesa mucho más.
El lenguaje tiene una función mucho más amplia que cumplir reglas gramaticales. También transmite pertenencia, reconocimiento, respeto, prejuicios y las normas sociales de una cultura.
Por eso, en psicología hablamos de lenguaje inclusivo y lenguaje libre de sesgos. La propia American Psychological Association (APA) tiene guías dirigidas a profesionales sobre cómo utilizar el lenguaje de manera que respete las distintas identidades y experiencias de las personas.
Y quiero aclarar algo: Lenguaje inclusivo no significa exclusivamente utilizar la “e”.
Podemos decir la persona, la niñez, quienes participan, la comunidad, el estudiantado y utilizar muchas otras construcciones que no requieren marcar género.
Pero si una persona me dice que utiliza elle o que prefiere ser nombrada de determinada manera, para mí hacer el esfuerzo de respetarlo no representa una amenaza a mi identidad, a mis valores ni a mi profesión. Igual, para mi utilizar lenguaje inclusivo hace espacio a que la persona sustituya con los pronombres que le parezca y le identifique.
Para mi representa algo mucho más sencillo: reconocer que la experiencia de otra persona no tiene que parecerse a la mía para ser tratada con dignidad.
Quizás nunca adoptes el lenguaje inclusivo en tu vida cotidiana y podemos conversar sobre eso.
Lo que sí vale la pena preguntarnos es por qué una palabra diferente puede generarnos tanta incomodidad que dejamos de escuchar a la persona que tenemos de frente.
A veces la inclusión no comienza entendiendo.
Comienza estando dispuestxs a escuchar y preguntar desde la curiosidad y no desde la crítica, juicio o desprecio.