15/08/2026
Cuando un hijo se aleja de un progenitor, no siempre es por lo que el otro progenitor dijo.
A veces buscamos una explicación sencilla: “Le hablaron mal de mí”, “Lo pusieron en mi contra” o “El otro progenitor está interfiriendo”. Sin embargo, es importante mirar la relación que se ha construido directamente con ese hijo.
Un vínculo entre un padre o una madre y sus hijos no se desarrolla únicamente porque existe un vínculo biológico. Se construye con experiencias repetidas de presencia, seguridad, respeto y consistencia.
Algunas razones por las que un hijo puede comenzar a distanciarse de un progenitor pueden ser:
No desarrollar activamente la relación y esperar que el vínculo exista simplemente por ser su padre o madre.
Que el hijo no se sienta seguro para expresar lo que piensa o siente porque cada conversación termina en una respuesta defensiva, una discusión o intentando compensarlo todo con regalos.
No organizar adecuadamente el tiempo para cumplir con responsabilidades y compromisos, dejando al hijo esperando o incumpliendo acuerdos.
Estar ausente de actividades importantes para el hijo: reuniones escolares, actividades deportivas, presentaciones, eventos y otros momentos significativos.
Hablar negativamente del otro progenitor o de su familia, colocando al hijo en medio de conflictos de adultos.
Hacer comparaciones entre hermanos, familias, hogares o incluso entre el propio hijo y otras personas.
Realizar conductas que generan dolor, incomodidad o malestar de manera intencional, especialmente cuando se utilizan para provocar una reacción en el otro progenitor.
Buscar mantener el vínculo desde la obligación, la culpa, los regalos o las exigencias, en lugar de construirlo desde la conexión.
Un hijo no debería tener que escoger entre sus padres. ¡Repítelo!
Tampoco podemos asumir que todo distanciamiento es producto de manipulación o alienación parental. Cada situación requiere ser evaluada de manera individual, considerando la historia de la relación, las experiencias del menor, la dinámica familiar y las conductas de todos los adultos involucrados.
Ser padre o madre es mucho más que tener un vínculo biológico. El vínculo se construye.
Con esfuerzo.
Con presencia.
Con amor.
Con respeto.
Con escucha.
Con responsabilidad.
Con consistencia.
Y, sobre todo, estando presente de manera significativa en la vida de nuestros hijos.
Porque para un niño, “soy tu papá” o “soy tu mamá” no sustituye la experiencia de sentirse visto, escuchado, seguro y querido. 💜💙
Dra. Maritza Ocasio