25/03/2023
El sábado pasado asistí a la 2ª jornada de psicólogos católicos (Psy.Cath), que se realiza en mi ciudad. Me emociona ver que poco a poco más los que nos damos cuenta de que no podemos separar la psicología de la fe, pues somos cuerpo y alma. Es un gran error considerar a la persona como solo cuerpo, o solamente alma.
Tristemente, en las universidades de psicología se habla mucho de la mente, del cerebro, de las conductas, de los pensamientos, pero, si no tomamos en cuenta también el alma, todo aquello quedará incompleto.
Qué maravilloso fue aprender más sobre estos temas, pero también saber que cada día somos más los que decidimos no tener visiones reduccionistas de la persona.
Eso me hizo pensar en un comentario que hizo Monseñor Thiamér Tóth en su libro “Eucaristía”, sobre la estrecha relación entre la salud mental y la fe:
“El hombre que se ha desgajado de Dios, en vano buscará el punto de reposo que le comunique el sentimiento de seguridad completa (…)
Puesto que entre la fe en Dios y la salud espiritual hay una conexión tan íntima, no ha de sorprendernos si las enfermedades psíquicas van aumentando en proporciones alarmantes, ya que día tras día, se van aflojando los vínculos que nos unen con Dios. En cuanto empieza a menguar en la humanidad la convicción religiosa, se nota en los campos de la vida desasosiego e incertidumbre.
Psicólogos célebres hacen constatar que la gran parte de las dolencias psíquicas del hombre modernos hay que achacarlas al sentimiento de desarraigamiento espiritual. Porque el volver la espalda a Dios no puede producir sino efectos destructores, así en la vida individual como en la social".