09/06/2025
"E̲D̲U̲C̲A̲R̲ ̲C̲O̲N̲ ̲A̲M̲O̲R̲":
̲Lo̲ ̲q̲u̲e̲ ̲J̲o̲s̲é̲ ̲L̲u̲i̲s̲ ̲P̲e̲r̲a̲l̲e̲s̲ ̲n̲o̲s̲ ̲e̲n̲s̲e̲ñ̲ó̲ ̲h̲a̲c̲e̲ ̲4̲3̲ ̲a̲ñ̲o̲s̲"̲
🎶 En esta melodía, J. L. Perales narra con sencillez y amor los momentos cotidianos de su pequeño: lavarse las manos, compartir juegos, descubrir el mundo... Todo envuelto en una dulzura que culmina con un cuento y un “te quiero”.
Hace más de 40 años, José Luis Perales escribió "Canción Infantil" para su hijo Pablo. Una canción sencilla, pero cargada de una verdad inmensa: el amor se esconde en los pequeños gestos.
Lavarse las manos, vestirse solo, dar un beso a mamá, regalar o compartir los juguetes, tomar el jarabe, aunque sepa mal... y por cada uno de esos actos cotidianos, ese padre le regalaba a su hijo lo más valioso: tiempo, atención y un cuento antes de dormir… siempre finalizado con un “te quiero”.
En un mundo donde la paternidad compite con pantallas, horarios y notificaciones, esta canción nos recuerda que educar no es solo corregir o exigir, sino también celebrar lo simple, estar presentes, narrar historias, abrazar, decir “te quiero”, "te amo" sin miedo y sin reservas.
ℙ𝕠𝕣𝕢𝕦𝕖 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕞á𝕤 𝕣𝕖𝕔𝕠𝕣𝕕𝕒𝕣á𝕟 𝕟𝕦𝕖𝕤𝕥𝕣𝕠𝕤 𝕙𝕚𝕛𝕠𝕤…
No será si el desayuno fue perfecto, ni si les compramos la remera de moda.
No recordarán si los llevamos a todos los eventos o si tuvimos la casa impecable.
Recordarán si les miramos a los ojos con presencia, sin distracciones.
Si les inventamos cuentos solo para ellos, aunque estuviéramos cansados.
Recordarán si ese abrazo fue con intención, con ternura, con tiempo.
Si estábamos ahí, de verdad, con el corazón puesto.
Recordarán si los escuchamos cuando no sabían explicar lo que sentían.
Si celebramos sus logros más pequeños como si fueran conquistas gigantes.
Si les dijimos “te quiero” sin condición, sin apuro, sin necesidad de que hagan nada para merecerlo.
Porque lo que deja huella no son las cosas que damos,
sino la forma en que amamos
Hoy, más que nunca, seamos esos padres que cuentan cuentos... que regalan presencia... que susurran un “te quiero” mientras sus hijos se duermen.
La letra de esta canción, con su repetición de pequeños logros y gestos cotidianos, encierra una verdad profunda y atemporal para los padres de hoy: el inmenso valor de reconocer y celebrar lo ordinario. El autor, hace ya muchos años, nos cantó una lección que sigue siendo más relevante que nunca en el ajetreo de la vida moderna. En un mundo donde la presión por los "grandes logros" y las "hazañas extraordinarias" a menudo eclipsa la belleza de lo simple, esta canción nos recuerda que el verdadero vínculo y la autoestima de un hijo se construyen en los detalles. No es necesario esperar a una medalla, un diez en el boletín o un gol en un partido importante para expresar amor y reconocimiento.
"Por haberte lavado las manos y desayunar", "Por haberte vestido tú solo", "Por haber dado un beso a mamá"... "Por haber aprendido a rezar". Son acciones que, aunque parezcan insignificantes, representan pasos gigantes en el desarrollo de un niño. Al padre de la canción no se le escapa ninguno de estos momentos. Él entiende que cada pequeña conquista es una oportunidad para fortalecer el lazo, para infundir confianza y para enseñarle a su hijo el valor de su propio esfuerzo.
La canción también subraya la importancia de la presencia activa y la creación de un espacio para el diálogo y la imaginación. "Hoy te voy a contar otro cuento que te gustará" es la promesa que sella el pacto entre padre e hijo. El cuento se convierte en un ritual, un momento de conexión íntima donde el padre se inventa y el niño escucha. En este acto sencillo reside una poderosa herramienta para el desarrollo emocional e intelectual del niño, un espacio seguro donde la fantasía y la realidad se entrelazan.
En la era digital, donde las pantallas a menudo usurpan el lugar de la interacción personal, esta canción nos invita a reflexionar sobre el poder de una buena historia contada por voz propia. No se trata solo del contenido del cuento, sino del acto de contarlo, de la mirada, del tono de voz, de la cercanía física, de que el niño se sienta visto y también escuchado. Es en esos momentos donde se construye el verdadero legado emocional.
El eco de un "te quiero" y mas aun "te amo"
Para los padres de hoy, esta canción es un suave recordatorio:
VALOREN LO PEQUEÑO: No subestimen el impacto de celebrar los logros cotidianos de sus hijos.
ESTÉN PRESENTES: Dediquen tiempo de calidad, más allá de las obligaciones. Un cuento, una conversación o simplemente estar ahí puede marcar la diferencia.
COMUNIQUEN SU AMOR: Las palabras de afecto, dichas con sinceridad, son el pilar de la seguridad emocional de un niño.
La verdad que el autor nos cantó hace tantos años sigue vigente: la paternidad se construye en los detalles, en la constancia del amor y en la celebración de cada paso, por pequeño que sea.
Norma Silvero Viñales,
psicóloga, Mag, en Psicopatología infanto/juvenil
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