27/07/2026
Hay situaciones que para nosotros pueden parecer pequeñas, pero que para un niño pueden sentirse enormes. 💙
Un ruido que no logra ignorar. 🔊
Una etiqueta que le incomoda todo el tiempo. 👕
Una luz que le resulta demasiado fuerte. 💡
Una textura en la comida que no puede tolerar. 🍽️
O incluso el roce de otras personas cuando ya se siente sobrecargado. 🤲
Cuando esto sucede, su reacción puede aparecer en forma de llanto, enojo, rechazo, necesidad de escapar, movimiento constante o dificultad para concentrarse. Y aunque desde afuera parezca una conducta exagerada, muchas veces no se trata de capricho ni de falta de límites.
Su cuerpo está intentando decirnos: 💭
“Esto es demasiado para mí”.
“Necesito alejarme”.
“Necesito moverme”.
“Necesito sentirme seguro otra vez”. 🤍
Por eso, antes de corregir únicamente lo que vemos, debemos detenernos y preguntarnos qué estará sintiendo, qué estímulo pudo haberlo sobrepasado y qué necesita para volver a sentirse tranquilo. ✨
Comprender estas respuestas nos permite acompañar con más paciencia, respeto y empatía. Y es justamente allí donde la integración sensorial nos ayuda a entender cómo cada niño recibe, procesa y responde a la información que llega a través de sus sentidos. 🧠💙