Lic.Olga Carrillo

Lic.Olga Carrillo Psicóloga "Tu también eres EXTRAORDINARIA descubrete

🚨 EL PSICOANÁLISIS EXPLICÓ POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS APRENDIERON A SER ADULTAS ANTES DE TIEMPO 🚨Muchas personas dicen:👉 “...
23/04/2026

🚨 EL PSICOANÁLISIS EXPLICÓ POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS APRENDIERON A SER ADULTAS ANTES DE TIEMPO 🚨

Muchas personas dicen:

👉 “Desde chico tuve que hacerme fuerte.”
👉 “Nunca pude ser realmente niño.”
👉 “Siempre sentí que yo tenía que entender a todos.”

Y suelen escuchar lo mismo:

👉 “Eso te hizo madurar.”
👉 “Qué bueno que eras tan responsable.”
👉 “Te tocó crecer rápido.”

Pero Sándor Ferenczi observó algo más doloroso.

A veces lo que llamamos “madurez temprana” no fue crecimiento.

Fue adaptación.

Ferenczi mostró que cuando un niño vive demasiado dolor, demasiada exigencia o demasiado desorden emocional a su alrededor, muchas veces se acomoda a lo que el entorno necesita.

Se vuelve serio.
Cuidador.
Comprensivo.
Fuerte.

No porque pueda con todo.

Porque siente que no tiene otra opción.
Por eso en la adultez aparecen cosas como:

• dificultad para relajarse
• culpa al necesitar ayuda
• sensación de tener que sostener a todos
• incapacidad para permitirse fragilidad

No es virtud pura.

No es solo fortaleza.

A veces es una infancia demasiado apurada.

La idea incómoda es esta:

👉 Algunas personas no maduraron antes.
👉 Tuvieron que dejar de ser niños demasiado pronto.

Pero también hay algo importante.

No es tarde para recuperar partes de ti que no pudieron vivir a tiempo.

Porque sanar no siempre es volverte más fuerte.

A veces es darte permiso
dejar de cargar
y, por fin, descansar.

19/04/2026
“CUANDO YA NO TE QUEDA NADA… TODAVÍA TE QUEDA ALGO”Antes de que el mundo se incendiara, Viktor Emil Frankl era un recono...
17/04/2026

“CUANDO YA NO TE QUEDA NADA… TODAVÍA TE QUEDA ALGO”
Antes de que el mundo se incendiara, Viktor Emil Frankl era un reconocido neurólogo y psiquiatra en Viena. Tenía 37 años, estaba recién casado y había terminado un manuscrito que cambiaría la psicología moderna.
Entonces llegó el horror.
Con la expansión del n***smo, los judíos comenzaron a ser deportados. Viktor recibió algo que millones habrían dado todo por tener: una visa para escapar a Estados Unidos.
Podía salvarse.
Pero sus padres no.
Una tarde, al volver a casa, encontró a su padre llorando frente a un trozo de mármol rescatado de una sinagoga destruida. Tenía grabado un mandamiento:
“Honra a tu padre y a tu madre…”
Viktor entendió.
Y eligió quedarse.
En 1942, fue deportado junto a su familia a campos de concentración, incluido Auschwitz.
Ahí lo perdió todo: su nombre, su identidad, su manuscrito, su libertad.
Solo quedó un número.
Mientras el hambre, el frío y la muerte rodeaban cada día, Viktor observó algo inquietante:
No siempre sobrevivían los más fuertes.
Sobrevivían los que tenían un porqué.
Los que aún encontraban un sentido.
Algunos vivían por un hijo. Otros, por un sueño pendiente. Él… por reescribir en su mente el libro que le habían arrebatado.
En medio del in****no, comprendió una verdad que nadie podía quitarle:
Podían controlarlo todo… excepto su actitud.
En 1945 fue liberado.
Pero la vida le dio otro golpe devastador: su esposa, sus padres y su hermano habían mu**to.
Se quedó completamente solo.
Y aun así… eligió no rendirse.
Durante nueve días seguidos, volcó su historia en un libro que el mundo conocería como El hombre en busca de sentido.
Ahí dejó una de las frases más poderosas de la historia:
“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas… elegir su actitud ante cualquier circunstancia.”
Ese hombre no solo sobrevivió.
Transformó el sufrimiento en sentido. Y el dolor… en luz para millones.
Porque a veces la historia no la cambian los más fuertes…
La cambian quienes, incluso en la oscuridad más profunda, deciden no apagarse.

Una persona nos comparte una inquietud muy común en los procesos de crecimiento personal: ha comprendido mentalmente una...
16/04/2026

Una persona nos comparte una inquietud muy común en los procesos de crecimiento personal: ha comprendido mentalmente una situación, sabe cómo debería actuar, incluso ha identificado lo más sano para sí misma… pero aun así, el miedo vuelve a aparecer y lo confunde todo. Y surge la duda: “¿por qué pasa esto?, ¿solo me pasa a mí?”.

No, no te pasa solo a ti. De hecho, esto ocurre con mucha más frecuencia de la que se dice, y tiene una explicación profunda dentro de la psique. La mente puede comprender con claridad qué hacer, cuál es el camino, incluso puede tomar decisiones lúcidas… pero luego aparece el miedo y parece desordenarlo todo, como si esa claridad nunca hubiera existido. Esto no es contradicción, es la coexistencia de distintos niveles dentro de la psique.

El entendimiento pertenece al plano consciente, pero el miedo pertenece a capas más profundas, más antiguas, más ligadas a la experiencia emocional y al cuerpo. Por eso, aunque “sepas”, hay algo en ti que aún no se siente seguro. Y cuando esa parte se activa, tiene más fuerza que la idea racional. El miedo no aparece porque hayas retrocedido, sino porque estás tocando un límite interno real. Cada vez que intentas actuar diferente, salir de un patrón o tomar una decisión más consciente, una parte de ti —que ha aprendido a sobrevivir de otra manera— reacciona.

Por eso confunde tanto: porque conviven dos verdades al mismo tiempo. Una parte de ti sabe qué hacer, y otra parte siente que hacerlo es peligroso. El proceso no consiste en eliminar una de las dos, sino en poder sostener esa tensión sin quedar paralizado. El miedo no es una señal de que estás en el camino equivocado. Muy a menudo, es una señal de que estás saliendo de lo conocido.

El trabajo entonces no es esperar a que el miedo desaparezca, sino aprender a actuar con él presente, en pequeñas dosis, con conciencia. Porque cada vez que haces algo distinto a pesar del miedo, el cuerpo aprende algo nuevo. Y con el tiempo, esa claridad que antes era solo mental empieza a encarnarse en la experiencia.

No es que el miedo deje de existir de inmediato. Es que deja de gobernar. Y ahí, poco a poco, comienza la verdadera transformación.

En su desarrollo sobre la psicología del éxito, Brian Tracy plantea una premisa radical: la "Ley del Perdón". Según Trac...
27/02/2026

En su desarrollo sobre la psicología del éxito, Brian Tracy plantea una premisa radical: la "Ley del Perdón". Según Tracy, tu salud mental y tu capacidad de logro son directamente proporcionales a tu capacidad de perdonar.

Para él, el rencor es un "freno de mano" emocional que te impide avanzar hacia tus metas.
Desde el estoicismo, esta idea cobra una fuerza imperturbable. No perdonamos por "bondad" hacia el otro, sino por justicia hacia nosotros mismos.

Esto resuena con la sabiduría de Marco Aurelio, quien entendía que el daño no reside en la acción del otro, sino en nuestra interpretación de ella: "Desecha tu opinión y el 'he sido herido' desaparecerá".

📖Los 4 Pilares de la Liberación

Para aplicar esta ley, Tracy propone perdonar en cuatro frentes, un ejercicio de absoluta Ataraxia (tranquilidad mental):

A tus padres: Acepta que hicieron lo que pudieron con lo que sabían. Liberarlos es dejar de ser una víctima de tu infancia.

A tus relaciones pasadas: No permitas que alguien que ya no está en tu vida siga controlando tu estado de ánimo hoy.

A los demás: Perdonar a quienes te hirieron no los exime a ellos, te libera a ti del peso del resentimiento.
A ti mismo: Los estoicos sabían que el pasado es un "indiferente". Perdonar tus errores pasados es el único camino para actuar con virtud en el presente.

Marco Aurelio como Brian Tracy nos enseñan que el perdón es una decisión consciente de dejar de culpar. El estoicismo nos da la herramienta: entender que lo que otros hacen está fuera de nuestro control, pero nuestra paz mental es nuestra responsabilidad absoluta.

"La mejor venganza es no ser como quien causó el daño." — Marco Aurelio.

La pregunta no es “¿por qué me pasa esto?La pregunta es: “¿para qué voy a usarlo?La historia real de Viktor Frankl No te...
22/01/2026

La pregunta no es “¿por qué me pasa esto?
La pregunta es: “¿para qué voy a usarlo?

La historia real de Viktor Frankl
No tenía nombre.
No tenía reloj.
No tenía futuro.

En los campos de concentración n***s, Viktor Frankl dejó de ser un hombre y se convirtió en un número.
Le arrebataron su ropa, sus libros, su trabajo, su libertad…
y luego lo impensable: **a su esposa, a sus padres y a casi toda su familia**.

Cada mañana despertaba sin saber si viviría hasta la noche.
Cada día veía morir a otros de hambre, frío o desesperación.
Muchos se rendían antes de que el cuerpo colapsara: **la mente moría primero**.

Frankl observó algo brutal:
los que perdían toda esperanza se apagaban rápido.
Pero algunos, incluso en el in****no, seguían vivos por dentro.

Un día, tiritando de frío y agotamiento, se hizo una pregunta peligrosa:

*“¿Por qué sigo vivo?”*

No pensó en comida.
No pensó en escapar.
Pensó en **dar sentido al sufrimiento**.

Se imaginó a sí mismo, en el futuro, contando su experiencia para ayudar a otros a no rendirse.
En medio del horror absoluto, encontró una verdad que nadie podía quitarle:

**Pueden destruir tu cuerpo, pero no tu actitud.**
**Pueden controlar tu entorno, pero no tu decisión interna.**

Mientras todo le era quitado, eligió una sola cosa:
**no permitir que el odio, el miedo o la desesperación lo convirtieran en lo mismo que sus verdugos.**

Sobrevivió.
Y de esa experiencia escribió *El hombre en busca de sentido*, un libro que ha salvado más vidas que muchos medicamentos.

No porque el dolor desaparezca…
sino porque **el sentido lo vuelve soportable**.

**Reflexión final**

El sufrimiento no te pregunta si estás listo.
Llega, golpea y se instala.

Pero aquí está la verdad incómoda que Viktor Frankl dejó al mundo:

> **Cuando no puedes cambiar lo que te pasa, todavía puedes elegir quién eres frente a ello.**

Tal vez no controles las circunstancias.
Tal vez no controles las pérdidas.
Pero **si conservas tu propósito**, nada termina de destruirte.

**La pregunta no es “¿por qué me pasa esto?”**
**La pregunta es: “¿para qué voy a usarlo?”**
Porque quien encuentra un “para qué”…
resiste casi cualquier “cómo”.
Encontrado en la red.

Viktor Frankl: El psiquiatra que encontró sentido en medio del horrorPocos psicólogos han enfrentado la oscuridad como l...
24/06/2025

Viktor Frankl: El psiquiatra que encontró sentido en medio del horror

Pocos psicólogos han enfrentado la oscuridad como lo hizo Viktor Frankl, creador de la logoterapia y autor del célebre libro El hombre en busca de sentido. Nacido en Viena en 1905, Frankl era neurólogo y psiquiatra, pero su visión de la psicología cambió para siempre después de ser prisionero durante años en campos de concentración n***s, incluido Auschwitz.

Allí, perdió a toda su familia. Pero en medio del sufrimiento extremo, descubrió algo clave: incluso cuando todo es arrebatado, el ser humano puede elegir su actitud frente al dolor. Y desde esa elección nace el sentido.

Tras la guerra, desarrolló la logoterapia, una corriente terapéutica que pone el foco en la búsqueda de propósito, en cómo las personas pueden sobrevivir (y vivir) si encuentran un “para qué”.

Frankl no negó el dolor, la angustia ni el vacío existencial. Pero sostuvo que la voluntad de sentido es más fuerte que la voluntad de placer o poder.

Murió en 1997, pero su legado sigue vivo: en cada paciente que se pregunta por qué vale la pena seguir, en cada terapeuta que acompaña sin imponer, y en cada vida que elige encontrar sentido incluso en la sombra.

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