03/07/2026
Recuerdo perfectamente mi primera sesión de terapia.
Llegué con un n**o en la garganta, sin saber por dónde empezar ni cómo poner en palabras todo lo que sentía. Pensaba que tenía que explicar perfectamente mi problema.
Ese día entendí el enorme poder que tiene hablar. Salí con la mente un poco más ordenada y con la sensación de que ya no cargaba sola con todo aquello.
Hoy, como psicóloga, nunca olvido cómo me sentí en ese primer encuentro. Por eso procuro que cada persona que llega a consulta encuentre un espacio seguro donde pueda descubrir que no tiene que tener todas las respuestas para empezar. A veces, el primer paso hacia el bienestar es simplemente atreverse a hablar.