12/27/2025
He escuchado muchas veces que en este país la Navidad es diferente.
Que no se siente igual.
Que es fría, triste y solitaria.
Y hoy me doy cuenta de algo:
quizás no es el lugar… quizás somos nosotros.
A veces olvidamos cómo nos sentíamos en nuestro país de origen.
Olvidamos que muchos salimos de allá buscando llenar un vacío, escapar de una tristeza, huir de una soledad que ya existía.
No siempre emigramos solo por sueños; a veces emigramos por dolor.
Ahora, lejos, es más fácil poner la responsabilidad afuera:
en el país nuevo, en la gente, en la cultura, en el clima.
Pero pocas veces nos detenemos a mirar hacia adentro y preguntarnos:
¿qué estoy sintiendo realmente?
La Navidad no crea la tristeza, la revela.
Nos enfrenta a lo que llevamos dentro, a los duelos no resueltos, a las ausencias, a la nostalgia… y también a nosotros mismos.
Tal vez esta Navidad no sea sobre luces, regalos o ruido.
Tal vez sea sobre escucharnos, reconocernos y dejar de huir de lo que sentimos.
Porque no siempre es el país el que se siente frío.
A veces es el corazón pidiendo ser atendido.