09/03/2026
¿Cuántas veces nos hemos sentido perdidas, sin rumbo, pensando que deberíamos tenerlo todo resuelto a cierta edad?
En mi caso, a los 44. Porque aparentemente una llega a los 44 y debería recibir un mapa o un manual de instrucciones y todas las respuestas. 😂
Pero nadie nos explica qué hacer cuando ya no queremos permanecer en un lugar que dejó de llenarnos. Cuando alcanzamos una meta y, en vez de sentirnos felices, nos sentimos vacías.
O cuando descubrimos que muchas de las cosas que perseguimos no eran realmente nuestros sueños, sino los sueños de nuestros padres, de nuestra familia o de una sociedad que decidió por nosotras cómo debía verse una vida “correcta”.
Entonces pensamos que estamos fallando. Que perdimos el rumbo. Que, a estas alturas, ya deberíamos tenerlo todo claro. Pero no.
Muchas personas no tienen la vida resuelta. Quizás nadie la tiene completamente resuelta nunca. Y tal vez esa confusión no sea una señal de fracaso. Tal vez sea la prueba de que ya no estás dispuesta a seguir viviendo una vida que no te pertenece.
Una vida que no te llena el alma. En la que tu corazón se siente apagado.
Una vida creada para complacer a todos… menos a ti.
Quizás esa versión antigua de ti ya cumplió lo que tenía que cumplir. Y ahora, aunque todavía no puedas ver el camino completo, sabes algo importante:
Ya no quieres regresar al lugar donde te sentías vacía.
Así que no estás perdida.
No estás tarde. No estás fallando.
No estás fracasando. Estás cambiando.
Estás transformándote y buscando aquello que de verdad te llena el alma y el corazón. Esa nueva versión de ti está buscando el lugar que la haga sonreír y decir:
“Sí. Aquí quiero estar. Esto es lo que mueve mi alma.”
Lo que decidas hacer con tu vida está bien, siempre que no lo hagas para complacer a los demás mientras vuelves a abandonarte a ti. No sigas intentando pertenecer a lugares donde tu alma ya no habita.
Busca aquello que te haga sentir plena. En paz. Viva.
Con amor,
Joa 💛💛💛💛💛💛