11/04/2021
✔¿Pides perdón con frecuencia? Decir “lo siento”, en principio, es uno de los “pegamentos” sociales que refuerzan nuestras relaciones. Sin embargo, hacerlo de forma constante puede debilitar nuestra autoestima. Pensemos que el acto de pedir disculpas debe ser puntual y significativo, no un ejercicio continuado y casi obsesivo donde de algún modo, se deja entrever nuestra falta de confianza.
Muchas veces, en nuestras sesiones de psicología nos encontramos con personas que al romper a llorar, nos piden perdón. Si, como lo oyes. ¡Nos piden perdón! ¡Como si llorar estuviera mal, y tuvieran que contenerse! No nos extraña, ya que, en función de como haya sido nuestra educación emocional, vamos a tener bloqueos que nos impidan expresar ciertas emociones.
☝No hablamos aquí de pedir perdón cuando ofendemos a alguien, llegamos tarde a un encuentro o le tiramos el café a otra persona por accidente, sino de todas aquellas otras veces en las que pedimos disculpas antes de empezar a hablar o de pedir algo, cuando nos disculpamos por ser demasiado sensibles, por nuestro cuerpo, por nuestros logros o cuando le pedimos perdón a nuestro hijo porque solo quedan yogures naturales y no de sus favoritos, los de fresa.
Cuando pides perdón con frecuencia das a entender al otro que debe liberarte de algo. Tarde o temprano, las personas que te rodeen acabarán cansadas o más aún, terminarán pensando que no dispones de la suficiente confianza para actuar con autonomía. Así, y como ocurre en cualquier ámbito de la vida, todo extremo es malo, tanto si abusamos de algo como si prescindimos por completo de cualquier dimensión.
▪ Por último, dejar de disculparse en exceso también pasa por trabajar nuestra aceptación. No es necesario disculparnos cuando nos manchamos la camisa, cuando nos cuesta aparcar, cuando tenemos un mal día o cuando no nos apetece quedar. Dejar a un lado el perfeccionismo, la necesidad de aprobación y aceptarnos tal y como somos a cada momento nos ayudará a darnos cuenta de la diferencia entre una disculpa necesaria y genuina y otra innecesaria que nos disminuye como personas y tampoco contribuye a crear vínculos honestos con los demás.