07/01/2026
Si miras esta imagen, no solo ves a una mujer sentada en una cama; ves mi realidad cada día. Es lo que hay detrás de la sonrisa que te doy cuando me preguntas "¿Cómo estás?". He querido materializar lo invisible para que, por fin, entiendas lo que significa vivir con fibromialgia.
Ese resplandor de magma que atraviesa mi piel no es un adorno artístico. Es el fuego que siento por dentro. Mis músculos no solo están cansados, se sienten como si estuvieran llenos de grietas incandescentes, como si mi propio cuerpo se estuviera rompiendo bajo un peso insoportable.
Esa sombra de humo y cadenas a mis espaldas soy yo, encadenada. Es el monstruo invisible del dolor crónico y la fatiga que me acompaña a todas partes. No puedo huir. Y si te fijas bien en las sombras, ahí está la etiqueta: FIBROMIALGIA. No es una excusa, es el nombre de la sombra que me sigue.
La hora en el reloj, las 03:17, es solo una de tantas noches en vela. El cansancio no se cura con dormir, porque el dolor me despierta. Mi cama, mi "lugar de descanso", se ha convertido en una jaula.
Y el mensaje que ves escrito arriba es mi verdad más dolorosa: "Lo más duro no es el dolor... es que nunca se va." El dolor físico es agónico, pero el dolor psicológico de saber que esto es para siempre, que hoy estoy mal y mañana tal vez peor, es lo que de verdad me rompe.
Hice esta imagen para que lo entiendas. No quiero lástima. Quiero empatía. Quiero que sepas que cuando digo "estoy cansada", no es que no haya dormido bien. Es que mi cuerpo está librando una batalla de 24 horas, 7 días a la semana. Por favor, solo por un momento, ve lo que yo siento.