Eric Romero especialista en psicología clínica

Eric Romero especialista en psicología clínica Especialista en psicología clínica. Atención a niños, niñas, adolescentes y adultos. Página de divulgación sobre la psicología clínica

18/10/2024
01/02/2021

¿Es malo o bueno para nuestra salud mental jugar videojuegos?

El juego es un comportamiento que se da en varias especies y en el ser humano tiene un papel importante. Es uno de los principales indicadores de salud mental en el niño mediante el cual aprenden patrones de comportamientos, maneras de vincularse, amplían su vocabulario; así como también, ayuda al desarrollo psicomotor de estos. Es una actividad que permite la expresión emocional y en el cual aprenden a solucionar problemas. El Juego no es solamente un fenómeno recreativo; es un acto socializador. Pero; los niños no son los únicos que juegan. Los adolescentes, jóvenes, adultos e incluso las personas mayores también lo hacen; solo que, las formas y los modos de juegos cambian con la edad, así como también con la época social en la que se vive.

Los videojuegos hoy en día son una modalidad de juego transgeneracional (pueden ser usado por personas de todas las edades); son llamativos tanto por el impacto visual que tienen en nosotros, así como por las diversas temáticas que contienen. Los videojuegos son un tema que están en boca de todo el mundo por el impacto que estos causan. Pero ¿qué sabemos de ellos?
La asociación americana de psicología (APA) ha llevado a cabo diversos estudios para poder entender cuál es el impacto que tienen los videojuegos en nuestro comportamiento y procesos cognitivos. Estos estudios han demostrado que los videojuegos pueden proporcionar elementos que ayuden a mejorar nuestro aprendizaje, salud y beneficios sociales; ya que, Ayudan al fortalecimiento de habilidades cognitivas tales como la navegación espacial, el razonamiento, la memoria, la percepción, la creatividad y a la resolución de problemas. También, promueven la relajación, la mejora del estado del ánimo y a evitar la ansiedad. Hay estudios que hablan de que posiblemente jugar videojuegos puedan también apoyar al desarrollo de estrategias de resiliencia. Sin embargo, también hay evidencia que demuestra que los videojuegos violentos se asocian significativamente con el aumento de comportamientos, pensamientos y afectos agresivos; así como también a la disminución de comportamientos prosociales. Aunado a esto, los altos niveles de exposición a videojuegos con temas de violencia han tenido relación con comportamientos delictivos y de peleas en la escuela.

Sin embargo, los investigadores de la APA resaltan que no existe evidencia sólida para afirmar que los niños sean más vulnerables que los adolescentes y adultos; o que los hombres se vean más afectados que las mujeres. Así como también, resaltan de que hablar de que exista una alta correlación no es sinónimo de que los videojuegos sean causantes de la aparición de comportamientos violentos; ya que, debemos recordar de que la violencia se debe a fenómenos multicausales.

¿Es malo o bueno para nuestra salud mental jugar videojuegos? Realmente ante esta pregunta sólo podemos decir que todo en exceso es perjudicial para la salud; en el caso de los menores de edad, los padres deben de estar atentos de lo que juegan sus hijos para que estos no estén expuestos a contenidos inadecuados a su edad; y en el caso de los adultos, exponerse constantemente a imágenes violentas también genera alteraciones en nuestra forma de pensar y comportamientos. jugar debe ser actividad que nos ayude a crecer como personas y no en un fenómeno que nos genere problemas.

Eric David Romero Atencio.
Especialista en psicología clínica.

28/01/2021

¿Qué es la teoría de la mente?

“Sally y Anne están jugando. Tienen una cesta y una caja. Sally mete la pelota en la cesta y la cubre, para guardarla mientras ella sale a jugar. Entonces, mientras Sally no está, Anne coge la pelota y la mete en la caja. Cuando vuelve Sally… ¿dónde buscará su pelota?” esto que acabas de leer es una de las consignas más famosas para realizar un experimento llamado experimento sobre la falsa creencia y nos permite evaluar la teoría de la mente; pero ¿Qué es la teoría de la mente?

La teoría de la mente (ToM) es la capacidad que tenemos para comprender y predecir el comportamiento de otra persona, sus conocimientos e intenciones. Pero ¿por qué se usa la palabra teoría? Bueno, por la razón de que realizamos inferencias para predecir el comportamiento de otras personas y de estados mentales que no son explícitos. El desarrollo adecuado de una buena teoría de la mente lleva a la persona a poder reconocer a los demás no sólo como objetos sino también como seres subjetivos con estados mentales.

La ToM es evolutiva, las investigaciones han demostrado que a partir de los 18 años de edad los infantes utilizan actos comunicativos indirectos, a los 3 a 4 años de edad distinguen entre las propias creencias y la de los demás y presentan un juego simbólico y a los 6 a 7 años de edad se aprenden de manera progresiva representaciones de orden superior tales como la metáfora y la ironía.

También, se ha evidenciado que los déficits en el desarrollo de la ToM están asociadas a alteraciones tales como el autismo, la esquizofrenia, la anorexia nerviosa, la depresión crónica, la ansiedad social y en el trastorno de déficits de atención e hiperactividad.

En la actualidad se siguen desarrollando investigaciones para seguir comprendiendo la relación de la ToM con diversas alteraciones para poder realizar estrategias de intervención más efectivas, así como también para comprender las bases neurobiológicas de la cognición social, lo que sí sabemos es “que el hombre es astuto porque no solo tiene una mente formada por emociones, deseos, intenciones y creencia, sino que sabe que la tiene y que otros la poseen también, por lo que su adquisición comprende una poderosa herramienta en las interacciones sociales” (Rabazo y Moreno).
Leyendo todo esto entenderás porque la respuesta es que Sally buscará en la cesta.

Eric David Romero Atencio.
Especialista en psicología clínica.

21/01/2021

La magia de comer en familia.

Comer en familia es uno de los factores de protección más potentes que existe, este tipo de comportamiento es vital para fortalecer la unidad y la cohesión familiar, aunado a esto ayuda a prevenir problemas de salud, alimentación, trastornos de la alimentación y conductuales. Mediante la comida familiar se transmiten los hábitos familiares, se nutre el lenguaje, se aprenden normas de interacción social y se transmites patrones comportamentales.

Hoy en día comer en familia es considerado una estrategia de salud pública que ayuda a mantener nuestra calidad de vida, investigaciones han demostrado que los niños que comparten la mesa con sus padres tienen una dieta más saludable, mejoran las habilidades sociales y son menos propensos a involucrarse a factores de riesgos. Por otro lado, también se ha demostrado que aquellos niños que comen viendo la televisión tienden a tener una dieta menos saludable, al igual que los niños que a menudo comen en restaurantes.

Es importante no caer en el error de premiar con postres a los niños luego de una alimentación sana ya que este indirectamente fomenta la alimentación perjudicial (el niño come por la golosina, pero no porque le apetece la comida) y las investigaciones corroboran esto, se ha demostrado que aquellos padres que premian a sus hijos con dulces luego de comer muestra una mayor preferencia al premio que a la comida.

Los niños y los adolescentes comen lo que los padres comen y es porque se aprende observando lo que se hace en la mesa, por eso es muy importante para los padres poder modelar a sus hijos buenos comportamientos en la mesa, estos comportamientos con mucha probabilidad se extrapolan a otras áreas de la vida y perduran en el tiempo. Para finalizar recuerde:

1. Asegurarse de que la mayoría de los alimentos en el hogar sean saludables, se puede canjear las golosinas por frutas o por yogurt.

2. Crear patrones de hábitos saludables, los niños más que todo aprenden de forma vicaria (modelando), si el niño ve lo que usted come él también lo va a comer. Y, ante todo evite usar la comida como premio, esto fomenta la idea de que la comida sana no es atractiva.

3. Comer en familia y tratar de evitar la comida en restaurantes.

Eric David Romero Atencio.
Especialista en psicología clínica.

18/01/2021

¿El conocimiento es Innato?

El conocimiento es la facultad de los seres humanos para comprender por medio de la razón, cualidades y relaciones de las cosas. Pero, existe una pregunta particular en relación a este tema y es ¿el conocimiento es innato?

En la década de 1980 una psicóloga cognitiva norteamericana llamada Elizabeth Spelke realizó una serie de estudios experimentales en bebés y niños pequeños para poner a prueba su teoría, sus resultados sugieren que los seres humanos tenemos una gran variedad de habilidades mentales innatas.

En el desarrollo temprano el conocimiento aparece en dos áreas en particulares las cuales son los dominios específicos y las tareas específicas, al parecer, estas capturan los elementos fundamentales y ecológicos del entorno en el cual se desenvuelve el niño/a y son una parte fundamental del desarrollo del conocimiento en las edades adultas.

Los estudios de preferencia visual llevado a cabo por Spelke han demostrado que a partir de los 3 meses de edad los niños demuestran tener conocimientos sobre los objetos físicos, las personas, los números y el espacio. Sin embargo, ella ha evidenciado que en el desarrollo el conocimiento que se expresa no corresponde a todos los dominios en general; sino, a una serie de dominios específicos los cuales son el dominio físico, el psicológico, el numérico y el geométrico. Estos dominios que manipulan los niños están atados a las reglas fundamentales de cada dominio y lo más interesante es que estas restricciones son reconocidas tal cual como lo reconoce un adulto. En este punto podemos responder entonces la respuesta inicial con un gran sí, el conocimiento es innato, nuestros niños/as vienen al mundo dotados con información para entender cómo opera este y es gracia al desarrollo neurológico que este se manifiesta.

Uno de los errores más grandes es pensar que los niños por su edad no tienen conocimientos o son ignorantes de lo que ocurre a su alrededor. Hoy en día se ha demostrado que los niños no son una tabula rasa que vienen al mundo a adquirir información; sino que, nuestro cerebro viene capacitado para resolver problemas y adaptarse a las situaciones del medio ambiente; por ejemplo, los estudios llevados a cabo por Smith y Thelen demostraron que la capacidad de información de procesamiento de un bebé puede modificarse solo con la modificación de la posición corporal del niño ante determinado estímulo; es decir, un niño de 3 meses se puede comportar como uno de 7 meses dependiendo de cómo esté posicionado ante el estímulo que se le presenta. Por lo que, al leer todo esto te dejo esta pregunta para reflexionar ¿Aún crees que tu hijo bebé o niño/a no sabe lo que hace?

Eric David Romero Atencio.
Especialista en psicología clínica.

14/01/2021

¿Qué sabemos hoy en día de la Empatía?

La capacidad de resonar y reflexionar sobre los sentimientos y estados mentales de los demás es una habilidad social fundamental esculpida por una larga historia de evolución de los mamíferos para mejorar la supervivencia de las especies, permitir la comunicación grupal y posibilitar la vida social. Esto se conoce como empatía; es decir, la capacidad de percibir o inferir los sentimientos, pensamientos y emociones ajenas, basado en el reconocimiento del otro como similar.

Los estudios científicos han demostrado que la capacidad de empatía surge durante los primeros años de vida a través de interacciones complejas entre las disposiciones biológicas del niño y la calidad del cuidado. La sincronía entre los padres e hijos durante la primera década de vida juega un papel fundamental en el desarrollo y mantenimiento de la empatía; así como también el vínculo madre-hijo configura a lo largo del tiempo las bases neuronales de la empatía en la adolescencia. A su vez, se ha evidenciado que no todos los niños son vulnerables a las consecuencias de la exposición a un evento traumático en la vida temprana; sin embargo, los niños que son más vulnerables muestran dos vías por las cual el estrés ejerce su influencia en el cerebro empático, la vía relacional y la vía biológica.

En la vía relacional se ha demostrado que aquellas madres e hijos que han sido expuesto a situaciones traumáticas participan en interacciones menos sincrónicas por lo que se observa una disminución de la actividad neuronal en las zonas relacionadas a la empatía. Esta sincronía conductual traza una vía relacional que es clave para el que el cerebro del niño se sintonice con la vida social. Por otra parte, la activación de redes de mentalización y la inactivación de redes empáticas compartidas en niños expuestos a situaciones de estrés ha revelado que predice trastornos de ansiedad en los niños, lo que demuestra que la actividad de mentalización no refleja la empatía en sí misma, la he videncia ha demostrado que los niños son empáticos con aquellos agentes que comprenden y reconocen sus emociones y forma de ver el mundo.

La capacidad de empatía es fundamental para la capacidad humana de participar en la vida social, sentir compasión, mantener un sentido de sí mismo y formar vínculos afiliativos y es una habilidad social básica que se desarrolla en los mamíferos mediante un contexto vincular madre-hijo. La sincronía apoya el desarrollo de habilidades que sustentan el compromiso social, incluida la formación de símbolos, la comprensión moral, la regulación de las emociones y la tolerancia a la frustración, se ha demostrado que esta sincronía no sólo es mental y afectiva sino también fisiológica.

Eric David Romero Atencio
Especialista en psicología clínica

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