07/07/2026
HABITAN DOS MUJERES EN VOS
Hace algunas semanas que casi no mirás sus redes. Dejaste de escribirle de madrugada y ya podés hablar de lo ocurrido sin terminar cuestionando cada decisión. Esa mejoría empieza a hacerte pensar que recuperaste el control, y que podrías volver a verlo sin quedar atrapada otra vez.
Te empezás a reconocer en esa mujer más dueña de sí, capaz de pensar antes de actuar, y de recordar con claridad cuánto daño te hizo. La otra, la que esperaba una respuesta con el teléfono en la mano a las dos de la mañana, empieza a resultarte ajena.
Entonces aparece una idea razonable: después de todo lo vivido, merecen tener una conversación adulta. También podrías responder ese mensaje pendiente, devolverle algo que quedó en tu casa o explicarle por qué necesitabas alejarte. Incluso una amistad parece posible ahora que te sentís más fuerte.
Acá aparece un gran riesgo: romper el contacto cero, y arriesgar todo el esfuerzo que venís haciendo por meses. El contacto empieza con una excusa que no parece peligrosa. El punto es que a los pocos días, volvés a esperar sus mensajes, acomodás tus límites y empezás a pensar que esta vez podría ser diferente.
Cuando la situación vuelve a romperse, aparece la pregunta que más vergüenza produce: “¿Cómo terminé otra vez acá si ya lo tenía tan claro? ¿Qué me pasó?”. Y lo difícil que resulta compartirlo con una amiga o un familiar, sin ser juzgada, y sin recibir una vez más como respuesta, esa frase tan odiosa: “Te falta amor propio y voluntad”.
La vergüenza y el dolor que sentís en este momento derivan de muchas cosas. De la actitud de él, es cierto. Pero además, de esta forma particular que tiene el dolor de volver a vos, en este momento en que te mirás, y nuevamente te sentís perdida.
El dolor también está en recordar quién fuiste vos misma, en otra etapa de la relación. Vos fuiste la mujer que dejó el teléfono al lado de la almohada y pasó horas despierta porque un mensaje no llegaba. Fuiste la que lloró mirando una pantalla vacía, preguntándote qué había hecho mal, para que él otra vez reaccionara así.
Esa mujer sigue formando parte de vos. La que hoy puede explicar con claridad cuánto daño hubo, convive aún con la que aceptaba una disculpa, porque necesitaba que terminara el silencio. La que ahora cree que podría verlo sin perderse, fue la misma que llegó a sentir alivio apenas aparecía su nombre en el teléfono, aunque unas horas antes hubiera jurado que no iba a responder.
Recordarlo incomoda mucho, porque muestra que entender lo ocurrido no alcanza para saber cómo vas a reaccionar cuando él vuelva a darte exactamente aquello que esperaste durante tanto tiempo. Las dos mujeres siguen ahí, adentro tuyo: una conoce el daño, y la otra todavía responde ante sus disculpas, sus promesas y el miedo a perderlo definitivamente.
Así se viven las recaídas en las relaciones con narcisistas. Cuanto antes escuches ambas partes de vos sin juzgarte, acogiéndolas y aceptando que conviven aún, más pronto podrás tomar acciones para romper definitivamente este ciclo destructivo.
Nuestro método “Las 10 etapas para lograr el contacto cero” trabaja exactamente en ese punto: ayudándote a mirarte entera, a conocer en profundidad qué sucede exactamente adentro de vos misma cuando aparece la tentación de volver a negociar con esa otra parte tuya, aún viva. Adaptamos nuestras herramientas concretas a tu situación, para que sepas qué necesitás hacer y qué tener preparado, para que la urgencia no decida otra vez.
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