26/05/2026
Muchas personas siguen funcionando, pero no necesariamente están bien.
En la práctica clínica observo con frecuencia que muchas personas viven con un nivel de malestar emocional sostenido que terminan incorporando como si fuera “normal”. Lo naturalizan. Lo consideran parte inevitable de la vida cotidiana, algo que “le pasa a todo el mundo”.
Frases como:
“Duermo poco, pero ya me acostumbré.”
“Estoy cansado todo el tiempo, pero es normal con todo lo que hago.”
“Nunca puedo relajarme, pero así es la vida.”
“Siempre tengo ansiedad, pero sigo adelante.”
Mostrando cómo el sufrimiento puede volverse silencioso y crónico.
El malestar emocional no siempre aparece como una crisis evidente. Muchas veces se presenta de manera más sutil: agotamiento constante, irritabilidad, desconexión emocional, dificultad para descansar, sensación de vacío, hiperfuncionamiento o una exigencia permanente hacia uno mismo.
La persona continúa trabajando, estudiando, cuidando a otros y cumpliendo responsabilidades. Desde afuera parece que “todo está bien”. Pero sostener ese funcionamiento puede implicar un costo emocional muy alto.