19/06/2018
Figuras del discurso amoroso - La edad
Roland Barthes, infatigable, dedica dos años de seminario a trabajar lo que dio en llamar el discurso amoroso. Lejos de la clasificación científica y totalizante, trata de ensamblar figuras discontinuas, imperfectas e imaginarias, tal como el tema lo requiere.
Aquí señalaremos algunas inéditas.
EDAD
El enamorado no se asigna ninguna edad. Ni joven ni viejo, queda por fuera de las categorías sociales que ordenan el ciclo vital. “A veces rememoro míticamente las edades de mi vida: sólo son las edades de mis amores”.
“La pasión amorosa no tiene en cuenta la edad (ni tampoco el s**o); no sólo puede precipitarse sobre nosotros a cualquier edad, sino que además lleva a cabo un subidón mágico, una exoneración de todo sentimiento de edad: el sujeto enamorado, literalmente, no tiene edad, no sabe qué es la edad, o bien tiene todas las edades al mismo tiempo, mezcla espontáneamente la ternura infantil y el cansancio crepuscular”.
“Un amigo me decía: el día en que me creí liberado de ese amor -con la solemnidad engañosa que damos a este tipo de decisión- me sentí viejo: ser libre era recuperar mi edad; la dependencia me eternizaba. El sujeto del Imaginario no envejece”.
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