31/01/2017
Emociones
La inteligencia emocional tiene que ver con la capacidad que tiene una persona de conocer y manejar sus emociones adecuadamente, e implica, desde mi punto de vista, al menos estos pasos:
1. Permitir:
Dar (por ejemplo, a los niños) o darse (a uno mismo) permiso para sentir. Lo que es, es, lo que sientes, sientes. No lo reprimas.
2. Identificar:
Ser capaces de identificar qué es, cómo se llama eso que estamos sintiendo.
3. Gestionar:
Elegir la manera más adecuada, menos destructiva y más constructiva para liberar esa energía emocional. Autorregularnos y corregular.
4. Recordar:
•Las emociones también tienen una lógica evolutiva que ha contribuido a nuestra supervivencia, y una función en la interacción en especies altamente sociales, como la nuestra.
•Todas las emociones son válidas, pero no todas las maneras de expresarlas lo son.
•Nadie puede elegir lo que siente, pero sí puede elegir qué hacer con lo que siente, y eso se va aprendiendo desde la primera infancia, a partir de cómo los adultos significativos alrededor de un niño son capaces (o no) de responder a y gestionar sus propias emociones y las del niño, sobre todo en situaciones de estrés.
•Las emociones afectan nuestros pensamientos y muchos procesos cognitivos, pero los pensamientos también afectan nuestras emociones. La "barrera de los 90 segundos", de acuerdo con Lucas Malaisi, explica que el correlato fisiológico de las emociones en el cuerpo (es decir, las hormonas y neurotransmisores que se generan con cada emoción), únicamente dura 90 segundos, pero los pensamientos que tengamos al respecto pueden hacer que se vuelvan a liberar esas sustancias, o que se liberen otras.
•Las bases de las emociones que sentiremos con más facilidad, se sientan en la primera y segunda infancia, así que ayudemos a los niños a aprender a gestionar sus emociones y permitámosles experimentar todo el abanico emocional.
•Mariana Gomes•