08/07/2026
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Cómo están? Por estos días que ando con unos tiempitos más que lo habitual, he estado pensando en algunas cosas que quería compartir con ustedes.
A veces el dolor que sentimos solemos minimizarlo porque lo comparamos con los dolores de otros que nos cruzamos o con los que tenemos vínculo. Pero sin dejar de apreciar la relatividad de las cosas que surge de esas comparaciones, no perdamos de vista que los dolores que nos afectan a nosotros son los más cercanos y a veces eso los hace lo que son, importantes para nosotros.
Solemos, sin embargo, relativizarlos. Solemos no escuchar las primeras señales que tenemos y solemos también negar algunas cosas que llegan desde los ámbitos de donde nos rodeamos con otras personas o aquellos colectivos o comunidades que componemos por distintas razones.
Es verdad que no hay que hacer caso a todo lo que salga de las comunidades porque, como ya deben suponer ustedes, hay una gran gama de intencionalidades. Pero si nosotros somos capaces de detectar quién de buena fe nos está diciendo y con el cariño y el respeto que nos merecemos, que nos está señalando algo que de forma honesta ve, sin que, como a veces suele hacerse, por soltar una verdad, por transmitir una verdad, se dañe en ese proceso.
Si alguien es capaz de no hacerlo, de hacer de la verdad un lugar seguro, entonces a veces conviene escuchar qué nos están queriendo decir, cuál es la conducta o la actitud o la sensación que les da cuando nos ve. Es un primer reflejo si hemos decidido desatender los propios o no escucharlos.
En relación a otras cosas que tenemos que perder el miedo, a perder el miedo a decir lo que sentimos, lo que nos pasa. Quizás no podemos explicar todo lo que nos pasa y aunque sepamos el origen de lo que nos pasa, a veces conviene explicar lo que nos está pasando, así, limitado a esa situación, a esa sensación en particular, pero verbalizarlo.
Eso ayuda muchas veces a descomprimirlo y también ayuda a comprender a quienes nos rodean o participan de esa situación un poco más por qué hemos reaccionado así o por qué a veces no hemos reaccionado. La medicación, los tratamientos medicamentosos, no son la solución. Y no lo digo yo, que no entiendo nada de eso y soy un completo neófito en muchísimas materias, en casi todas.
La medicación es un mejor para el mientras tanto, un mientras que te recuperás, vamos a equilibrar esto. Muchas veces es química pura y muchas veces también esa química se transmite en sensaciones que a nosotros nos permiten estar más calmados, razonar mejor, intelectualizar mejor lo que nos pasa y poder articular algunas respuestas para transitar situaciones que tenemos que vivir en familia, en pareja, con los hijos, en el trabajo.
Ser conscientes que el tratamiento medicamentoso tiene un ingreso y una salida. El ingreso es para que podamos lograr esa sensación de bienestar que probablemente hemos perdido. Y la salida es un proceso también gradual. No puede suspenderse, no puede cortarse, ni a razón de que te sentís bien, o a razón de que ya no querés pasar por eso.
Es un proceso que tiene que ser gradual, medido, estudiado, cuidado, comprendido. Y que a veces no siempre ha resultado inmediato. La internación, que es algo que da miedo a muchas personas, que mañana o pasado nos digan que tenemos que internarnos por una cuestión de salud mental.
A todos nos da miedo. Me da miedo. Pero nadie está libre de esto. Ustedes lo saben. A la persona más fuerte en un momento de debilidad o de baja energía lo puede golpear cualquier noticia regular y hacerlo caer en crisis, ansiedad, depresión.
A las personas que han sufrido mucho, a veces cosas graves que pasan no les afecta, porque han logrado un nivel de tolerancia y resistencia a determinadas noticias que para alguien que lleva una vida relativamente tranquila es un impacto tremendo.
No es quién es más fuerte y quién es más débil, es en qué momento de la vida te encuentras, en qué momento de tu circunstancia vital tenés que enfrentar determinadas cosas. A veces lidias con ese problema toda la vida y en un momento te alcanza y te encuentra débil. Y a veces luchás con muchas dificultades y a veces ocurre que te encuentra y estás fuerte, y es como si no pasara por vos. También puede pasar.
Pero la internación es algo de lo que nadie quiere escuchar, ni saber, ni aceptar, ni conocer. Sin embargo, desde hace un par de años a esta parte, y desde antes en alguna experiencia familiar, conocí situaciones de internaciones de días, de semanas, de meses, que son las menos, y más prolongadas, que son las excepcionalmente dadas en estos contextos.
Habitualmente la internación es simplemente un monitoreo profundo, a veces es solamente para un tipo de tratamiento o para mayor cuidado y control de quien se siente mal. No hay que temerle a eso. Y si nuestro temor viene por el lado de la voluntad cuando estamos quebrados o nos fracturan el cráneo o estamos con un disparo en el cuerpo o tenemos alguna otra circunstancia vital que nos obliga a estar sometidos a un tratamiento médico donde no podemos salir corriendo ni valernos por nuestro propio cuerpo o energía, y dependemos de alguien más, no se trata de nuestra voluntad.
Nuestra voluntad es no estar ahí, es estar sanos, es no haber pasado por nada de lo que estamos pasando. Y no es distinto si ustedes lo piensan en materia de salud mental. Nadie quiere estar ahí, nadie quiere estar pasando por lo que está pasando. No se trata de voluntad, se trata de necesidad y de racionalizar que es necesario.
A veces pasar por eso es un tiempo, es breve. La mayoría de las internaciones de salud mental están en los rangos de como mucho un mes, a veces muchísimo menos. No tengo las estadísticas, pero la experiencia que he visto y me he rodeado durante los últimos años indica eso.
Es solo un tiempo, a veces semanas, a veces una semana, a veces menos. Pero ese tiempo es súper necesario para reconfigurar todo lo que nos pasa o gran parte de lo que nos pasa. Y dejarnos ya a nuestro manejo aquello que sí podemos empezar a manejar de vuelta. Hay que perder el miedo a la internación si es necesaria. Y naturalizarla en la familia como cualquier otra internación que tenemos que hacer a veces por una dolencia física. Porque también esto es salud.
El moverse es fundamental. La cuestión física termina siendo probada científicamente en su repercusión con la salud mental. Quizás no es el nivel de esfuerzo, no se trata de eso. Quizás no es la elección deportiva que adoptes, tampoco se trata de eso. Se trata de que el cuerpo esté en movimiento de forma moderada para que el cerebro se active y vuelva a generar una cantidad de cosas físicas que repercuten en la química que reina en el cuerpo y que muchas veces es la que determina que nos sintamos un poco mejor o un poco peor.
Toda esa química que se desprende luego hacer ejercicio y dura días es necesario que la renovemos. Nuestro cuerpo cuenta con eso. No estamos diseñados para estar quietos.
Entonces, unas ideas finales. Cada vez que estemos en algún lugar con alguien, no nos concentremos en esa persona o personas, sino cómo los estamos sintiendo nosotros. Cuando estoy con alguien, miro hacia afuera, pero siento hacia adentro. Esa es la medida de las cosas para cada uno de nosotros, para nuestra salud mental.
Si estamos con familia, amigos, hijos, comunidad, pareja, si hay buena fe, escuchemos lo que nos dicen. Si hemos tenido señales y las hemos apagado, ellos son el reflejo de lo que nos puede ayudar a que nos pongamos mejor e incluso que nos salvemos de algo malo.
Si hay que asumir un tratamiento, hay que hacerlo. Si es psicológico, está bien. No todos podemos hablar todo con todo el mundo, incluso ni siquiera nuestra comunidad que nos rodea, ni siquiera, especialmente en la familia.
A veces hay cosas que no se pueden hablar ni con la pareja, porque así son de delicadas. Si tenemos que asumir un tratamiento medicamentoso porque no logramos equilibrar y regular bien, hay que hacerlo. Con la idea de que es una parte de lo que vamos a tener que pasar y es una parte necesaria para sentirnos mejor y estar bien. Tienen una entrada y tienen una salida. La estadística marca que mayormente son esporádicos, transitorios y efectivos.
Y por último, en esta trilogía de escucharse, buscar ayuda y tener comunidad y movimiento. Busquen algo que los comprometa físicamente a ponerse en movimiento. Parece una tontería, pero cambia vidas.
Y si tengo que señalarles una idea más, meditar. Durante muchísimos años subestimé la meditación de una manera tremendamente equivocada. Y cuanto más angustiado un día estuve, más ansioso, lo intenté. No me cambió la vida, pero me sentí mejor. Y lo empecé a hacer casi todos los días y me sentí mejor, y mejor. Me permitió autorregular, y después lo hice en familia, y fue mejor todavía. Y enseñé, en ese camino, a autorregularse a mi hijo, que no es poca cosa.
Y si logan salir adelante, no olviden por todo lo que han pasado y aprendido, ayuden a otros a mejor transitar esas turbulencias emocionales que la vida trae. Faltan manos que levanten, oídos que comprendan, brazos que abracen, palabras que contengan y guíen.
Fuerte abrazo para todos/as.
Miguel Barrios
094 831 781