06/08/2026
No todos están preparados para asumir un camino espiritual que implica disciplina, responsabilidad y transformación interior.
Las tradiciones de Umbanda, Kimbanda y el culto a los Orixás no son espacios de capricho ni escenarios para la egolatría humana.
Son caminos de evolución espiritual, donde el aprendizaje, la humildad y el compromiso son pilares fundamentales.
No se trata solo de rituales o incorporaciones, sino de un proceso profundo de crecimiento personal y espiritual.
Por eso, no es extraño ver personas que ingresan a un templo y permanecen poco tiempo.
Algunos no llegan a comprender la esencia real de estar dentro de una casa espiritual.
Confunden la enseñanza con ofensa, la corrección con ataque, y la guía con imposición.
Ante la mínima incomodidad, ante una palabra que no les agrada o una situación que no se ajusta a sus expectativas, optan por retirarse, como si el camino espiritual debiera adaptarse a sus deseos personales.
Se alejan sin dialogar, sin buscar orientación en quien tiene la responsabilidad de guiar la casa espiritual, el Pai o la Mãe de Santo, quienes no están para complacer, sino para sostener, orientar y ordenar el desarrollo dentro del terreiro.
Se dice con facilidad “me voy a tomar un tiempo”, pero pocas veces se reflexiona: ¿un tiempo para qué? ¿Para la evolución personal o para evitar el compromiso que se asumió?
Nadie es perfecto dentro de este camino.
Todos, sin excepción, tienen fallas, desacuerdos y momentos de incomodidad.
Pero justamente allí reside la enseñanza: aprender a convivir, a escuchar, a corregirse y a crecer incluso en lo que no nos agrada.
Existe también una dificultad frecuente en aceptar la jerarquía espiritual y organizativa.
Esto muchas veces nace de una falta de humildad o de comprensión del proceso.
Siempre habrá alguien con más tiempo, más experiencia o mayor conocimiento en el axé, y eso no lo hace superior como persona, sino más preparado en ciertos aspectos del camino. Reconocer esto no debería generar rechazo, sino apertura para aprender.
En lugar de ofenderse, cerrarse o abandonar, el verdadero aprendizaje está en escuchar, observar y permitir que la guía cumpla su función.
Porque si no se trabaja la actitud, el mismo tipo de situaciones se repetirá una y otra vez, hasta que la enseñanza sea comprendida.
El camino espiritual no es cómodo todo el tiempo. Es transformación, es espejo, es proceso. Y quien decide recorrerlo, debe entender que no siempre se avanza hacia donde uno quiere, sino hacia donde el espíritu necesita evolucionar.
PD estos temas a los que hacen religión solo por plata no les importa hay pueden encintar un lugar en donde tengan que pagar para que los aguanten con su inmadurez emocional
Texto de mae Patricia De Xango para sus páginas
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