05/07/2026
Quizás uno de los cambios de paradigma más bonitos que he experimentado profesionalmente ha sido el manejo del dolor. Hace años se asumía una relación directa y proporcional entre el daño y el dolor experimentado. Hoy en día sabemos que el dolor es una experiencia multidimensional; una "opinión" del cerebro basada en la evaluación de una amenaza.
El sistema nociceptivo transporta información sobre estímulos mecánicos, térmicos o químicos, pero esa información no es "dolor" sino datos que el cerebro debe procesar, interpretar y contextualizar, usando también la historia previa del paciente, sus expectativas, sus creencias, su estado emocional, el entorno socio-laboral y el significado que le otorga a esa "lesión".
Si el sistema nervioso central interpreta que esos tejidos están en peligro, generará la experiencia del dolor como un mecanismo de protección. Por supuesto, ante una lesión aguda o un traumatismo, esa alarma es real y necesaria; pero hoy sabemos que el cerebro también puede perpetuar el dolor de forma persistente, independientemente de que exista un daño estructural actual o no.
Por eso el manejo del dolor por parte de un profesional es también pedagogía, porque hay que deconstruir y reconceptualizar el síntoma, ayudándonos claro está del movimiento graduado.
Este enfoque sirve también para muchos otros problemas de la vida, y realmente todos lo hacemos cada día: reconceptualización para reescribir nuestra narrativa interna y cambiar así la respuesta del sistema nervioso central usando luego la acción y la experiencia.
El asunto es "reconceptualizar bien" 😅