08/14/2026
Este pequeño grupo de hierbas no se veía perfecto, pero seguía haciendo su trabajo. Las ramas finas y verdes se habían extendido sobre la tierra, mientras unas hojas amarillas en el centro mostraban dónde la planta había estado apretada y húmeda. Aflojé la superficie con cuidado, quité los tallos más débiles y abrí un poco de espacio alrededor de la base para que entrara aire. El aroma que salió al tocar las hojas hizo que toda la tarea se sintiera más ligera. Antes de entrar quité solamente las partes secas y dejé en paz todo lo que seguía sano. Era tentador acomodar cada rama, pero el jardín se veía más real con sus bordes un poco disparejos. La vida diaria también es así: casi nunca perfecta, aunque siempre llena de movimiento y posibilidades. Grabar este momento me ayudó a valorar la belleza de algo que simplemente continúa.