10/09/2026
La vuelta al cole no siempre se vive con ilusión. Para algunos niños y niñas, los cambios, las separaciones, las nuevas rutinas o un entorno menos predecible pueden activar miedo, irritabilidad, bloqueo o una mayor necesidad de control. Desde una mirada sensible al trauma, la pregunta no es solo “¿qué está haciendo?”, sino también “¿qué puede estar necesitando para sentirse seguro?”. Muchas conductas que nos preocupan pueden entenderse como formas de adaptación ante experiencias de amenaza o desregulación.
Por eso, acompañar la vuelta al cole implica ofrecer previsibilidad, calma, conexión y tiempo: anticipar los cambios, recuperar las rutinas poco a poco, validar lo que sienten, cuidar las despedidas y observar sus señales antes de aumentar la exigencia. La presencia tranquila y reconfortante de una persona adulta puede convertirse en un importante recurso de regulación.
Y no tenemos que hacerlo solos. La escuela también puede convertirse en un lugar de seguridad cuando existen vínculos significativos con personas adultas que ven, comprenden y acompañan al niño o la niña. Familia, escuela y red de apoyo pueden trabajar juntas para construir experiencias más seguras y reparadoras.
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